Belén intentó soltarse, pero al no conseguirlo, desistió.
Sin embargo, al pensar en la pregunta que él le había hecho, una risa irónica se escapó de sus labios. Negó con la cabeza, sus ojos reflejando un profundo dolor.
—Tengo corazón, Fabián, pero está hecho pedazos.
Él la atrajo hacia sí, rodeándola por la cintura.
—¿No puedes ceder una vez más, como antes? —le preguntó.
Belén no tenía intención de responderle. Intentó apartarlo con las manos.
—Suéltame, Fabián. Quiero ir a descansar.
Fabián no solo no la soltó, sino que pareció querer abrazarla con más fuerza.
Pero en ese instante, la puerta de la habitación se abrió desde adentro.
Al oír el ruido, Belén se giró instintivamente. En el momento en que vio a Tobías, se le heló la sangre.
Ya había vuelto de dejar a Rosario, ¿por qué él no se había ido todavía?
Tobías salió de la habitación y vio a Fabián sujetando a Belén de la mano. No intervino, simplemente se recargó con aire despreocupado en el marco de la puerta, se cruzó de brazos y lo miró con una ceja arqueada.
Aunque no dijo una palabra, su expresión estaba cargada de burla.
Al ver a Tobías, Fabián se quedó petrificado.
No solo estaba en la habitación de Belén, sino que además llevaba una pijama de seda gris claro, con dos botones desabrochados que dejaban ver su pecho musculoso.
Tenía el pelo revuelto y sus ojos somnolientos daban la impresión de que acababa de despertar.
Todo indicaba que Tobías no había aparecido allí de la nada.
Al procesar todo esto, la voz de Fabián se tornó grave.
—¿Qué haces tú aquí? —le espetó a Tobías.
Tobías enarcó una ceja y respondió con un tono de lo más natural:
—Esta es mi casa. ¿Por qué no habría de estar aquí?
Fabián captó la indirecta en las palabras de Tobías y, perdiendo el control, se giró hacia Belén, furioso.
—Belén, ¡todavía no estamos divorciados y ya estás metiendo a otro hombre en casa!
Lo fulminó con la mirada y le gritó con una fiereza contenida:
—¡Suficiente, no digas más!
Al ver que ella estaba realmente enojada, Tobías cedió de mala gana.
—Está bien, no te enojes. Ya no digo nada.
Belén soltó un suspiro de alivio y se giró rápidamente para ver a Fabián. Pero justo cuando iba a decir algo, una pequeña cabeza se asomó por las escaleras.
Era Cecilia, que había subido.
—Papá —dijo con una vocecita suave.
Fabián se dio la vuelta. Su expresión se suavizó al instante.
—Todavía no estás bien, ¿por qué subiste? —le preguntó con voz ronca.
Cecilia levantó un celular, con los ojos llenos de lágrimas.
—Papá, acaba de llamar la señorita Frida. Dice que se torció el tobillo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....