Al escuchar a Cecilia y ver su preocupación, Fabián decidió ir a ver a Frida a la escuela.
—Ya veo —le dijo a Cecilia con voz suave—. Iremos para allá ahora mismo.
—Sí —asintió Cecilia.
Dicho esto, su mirada se desvió hacia Belén, que estaba a poca distancia, con Tobías a su lado.
No parecían simples amigos.
Cecilia no entendía bien lo que sentía, pero una extraña incomodidad se apoderó de ella.
En ese momento, una inquietud la invadió.
«Si Belén tiene otros hijos en el futuro, ¿acaso…?».
Cecilia no quiso seguir pensando en ello, porque el miedo la paralizaba.
La madre que antes la ponía por encima de todo, ahora ya no se preocupaba por ella.
Una vez tomada la decisión, Fabián se giró hacia Belén.
—Vienes conmigo.
Tobías frunció el ceño y soltó una risa burlona.
—Vas a ver a tu amada, Fabián. ¿No debería yo quedarme aquí con la mía?
Fabián lo ignoró y mantuvo la vista fija en Belén.
Tras una pausa, insistió:
—¿Vienes o no?
Tobías, inexplicablemente furioso, se interpuso entre ellos.
—Si te vas a largar, lárgate ya, pero no te lleves a mi tesoro.
Fabián siguió sin hacerle caso, dejando que toda la ira de Tobías cayera en saco roto.
En ese momento, Belén le dio un ligero toque en la espalda a Tobías.
Él se giró para mirarla y le susurró:
—No me digas que vas a ir con él a ver a su consentida.
Belén levantó la vista hacia Tobías.
—Sí, voy a ir.
Tobías apretó los puños por instinto, pero tras un momento, se obligó a contener su enojo.
Belén rodeó a Tobías y se paró frente a Fabián.
—Vamos, iré contigo.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....