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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 565

Al escuchar a Cecilia y ver su preocupación, Fabián decidió ir a ver a Frida a la escuela.

—Ya veo —le dijo a Cecilia con voz suave—. Iremos para allá ahora mismo.

—Sí —asintió Cecilia.

Dicho esto, su mirada se desvió hacia Belén, que estaba a poca distancia, con Tobías a su lado.

No parecían simples amigos.

Cecilia no entendía bien lo que sentía, pero una extraña incomodidad se apoderó de ella.

En ese momento, una inquietud la invadió.

«Si Belén tiene otros hijos en el futuro, ¿acaso…?».

Cecilia no quiso seguir pensando en ello, porque el miedo la paralizaba.

La madre que antes la ponía por encima de todo, ahora ya no se preocupaba por ella.

Una vez tomada la decisión, Fabián se giró hacia Belén.

—Vienes conmigo.

Tobías frunció el ceño y soltó una risa burlona.

—Vas a ver a tu amada, Fabián. ¿No debería yo quedarme aquí con la mía?

Fabián lo ignoró y mantuvo la vista fija en Belén.

Tras una pausa, insistió:

—¿Vienes o no?

Tobías, inexplicablemente furioso, se interpuso entre ellos.

—Si te vas a largar, lárgate ya, pero no te lleves a mi tesoro.

Fabián siguió sin hacerle caso, dejando que toda la ira de Tobías cayera en saco roto.

En ese momento, Belén le dio un ligero toque en la espalda a Tobías.

Él se giró para mirarla y le susurró:

—No me digas que vas a ir con él a ver a su consentida.

Belén levantó la vista hacia Tobías.

—Sí, voy a ir.

Tobías apretó los puños por instinto, pero tras un momento, se obligó a contener su enojo.

Belén rodeó a Tobías y se paró frente a Fabián.

—Vamos, iré contigo.

—De acuerdo.

Así, la familia de tres bajó las escaleras.

Tobías los observaba desde atrás. Aunque estaba furioso, no le quedaba más remedio que contenerse.

Al bajar, se encontraron con Eva, que volvía de hacer la compra. Acababa de guardar las cosas en el refrigerador cuando vio a Fabián y a Belén descender.

Los ojos de Eva solo reflejaban ternura por Cecilia.

—Cecilia —le dijo a su nieta mientras bajaba—, la abuela compró carne para estofado. ¿Quieres que te prepare un poco más tarde?

Cecilia respondió con frialdad:

—No, gracias, ya nos vamos.

Eva frunció el ceño.

—¿Por qué? ¿No te gusta lo que cocina la abuela?

Cecilia no quiso responder, así que guardó silencio.

Fabián intervino para explicarle a Eva:

—Mamá, una amiga se torció el tobillo y tenemos que ir a verla, así que no nos quedaremos a comer.

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