Belén asintió.
—Sí.
Tobías le agarró el brazo a Belén, apretando inconscientemente, y con una voz grave que parecía escaparse entre los dientes, dijo:
—¿Vas a inventar una mentira así solo para rechazarme?
La mirada de Belén estaba llena de seriedad. Miró profundamente a los ojos de Tobías y le dijo:
—Es la verdad.
Tobías apartó la cara bruscamente y exclamó con rechazo:
—No te creo.
Belén quería decirle algo más, pero Tobías ya no quería escuchar. Se volvió hacia ella y, sin ninguna cortesía, le selló los labios con un beso.
La besó, por primera vez sin ninguna delicadeza, mordiéndola como si quisiera devorarla entera.
Belén levantó las manos instintivamente para empujarlo; en ese momento ya no le importaba si él estaba herido o no.
Pero por más fuerza que hacía, Tobías decidió no soltarla.
No fue hasta que sintió el fuerte sabor metálico de la sangre en la boca que Tobías la soltó suavemente.
Belén no pudo distinguir de inmediato si la sangre era suya o de él.
El rostro de Tobías quedó oculto en la penumbra. Belén levantó la cabeza para mirarlo, pero solo pudo distinguir su silueta.
Sus ojos estaban ocultos por las pestañas, impidiéndole ver qué emoción albergaban.
Belén se limpió la sangre de la comisura de los labios con la mano y le dijo:
—Todo lo que dije es cierto.
Al oírla, Tobías soltó una risa fría y despectiva:
—¿Y qué importa si es cierto?
Belén no podía ver bien la expresión de Tobías ni adivinar qué estaba pensando, pero por el tono de sus palabras dedujo que estaba molesto.
Acto seguido, Tobías continuó interrogándola:
—Si tú me hubieras visto primero aquella vez, ¿no me habrías salvado? Conociendo tu carácter, seguro que me habrías salvado, así que quien me salvó fuiste tú, y solo podrías ser tú...
En ese momento, Belén lo interrumpió:
—Tobías, no es seguro. De verdad, ni yo misma sé si te hubiera salvado.
Ante la pregunta de Tobías, respondió con una sonrisa:
—No deberías haber sido tan bueno conmigo.
Tobías giró la cara para mirarla y preguntó:
—Ya te besé, ya te toqué, ¿y ahora no te vas a hacer cargo?
Belén se incorporó apoyándose en el suelo. La mirada que le dirigió a Tobías estaba cargada de emociones complejas.
Después de un momento, finalmente habló:
—No soy la persona que tú quieres. Insistir así no tiene sentido.
Dicho esto, Belén abrió la casa de campaña y salió.
Tobías vio cómo se iba. Abrió la boca para llamarla, pero las palabras se le atoraron en la garganta.
Al verla alejarse, Tobías no salió corriendo tras ella como solía hacerlo.
Hasta ese momento entendió por qué Belén siempre decía que no lo conocía y que nunca le había prometido nada.
Resultó que, desde el principio, él se había equivocado de persona.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....