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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 703

Al salir de la casa de campaña, la temperatura exterior había bajado aún más que cuando llegaron.

Belén no pudo evitar estremecerse, pero no miró atrás; se abrazó a sí misma y caminó hacia un lugar más alejado.

El patio en la cima de la montaña estaba muy tranquilo. Belén no fue hacia el patio, sino que tomó el pequeño sendero que llevaba hacia afuera.

Finalmente, se detuvo frente al tronco de un árbol y se sentó despacio.

Levantó el rostro hacia el cielo; estaba cubierto de estrellas brillantes y no había ni una sola nube.

Al mirar ese manto estrellado, las emociones de Belén se desbordaron a medida que los recuerdos del pasado iban emergiendo, llenándola de dolor.

En ese breve instante, pensó en muchísimas personas.

En cómo amó a Fabián Rojas con tanta entrega, sin importarle sacrificar su estatus, su dignidad, a su familia y todo lo que tenía por él.

Luego, por Cecilia Rojas, renunció voluntariamente a su trabajo para convertirse en ama de casa de tiempo completo.

Y después conoció a Tobías, quien fue tan bueno con ella, pero resultó que esa bondad solo era producto de un error de identidad.

Al pensar en todos esos detalles, Belén comenzó a llorar sin poder evitarlo.

Se cubrió la cara con las manos y sollozó con amargura.

Después de llorar un rato, se sintió mucho más aliviada.

En ese momento, una sombra se proyectó sobre el suelo junto a ella.

Antes de que pudiera levantar la cabeza para ver quién era, le colocaron una chamarra abrigadora sobre los hombros.

Cuando la persona se sentó a su lado, Belén giró el rostro y vio que era Alejandra.

La miraba con el rostro lleno de preocupación.

—¿Sigues pensando en eso?

Belén, con los ojos enrojecidos, esbozó una sonrisa y respondió:

—No es nada, en un par de días se me pasará.

Forzó una sonrisa, pero esta no llegó a sus ojos; se veía muy falsa.

Al ver su expresión de sufrimiento, Alejandra levantó suavemente la mano y la abrazó.

—Está bien, te creo.

Belén le devolvió el abrazo y, tras un largo silencio, dijo:

—Vámonos, regresemos, ya es muy tarde.

Al volver a la zona de acampada, Belén y Alejandra entraron en una misma casa de campaña.

Cuando salieron, Mateo y los demás ya se habían aseado y estaban preparando el desayuno.

El desayuno era sencillo: pan tostado, carne asada y café.

Tobías también estaba despierto, sentado junto a la fogata, absorto en sus pensamientos y sin mucho ánimo.

Al ver llegar a Belén, solo levantó la vista un instante y luego volvió a su mutismo.

Al momento de sentarse, Mateo intentó que Belén se sentara cerca de Tobías, pero ninguno de los dos quiso moverse.

Así que, al final, quedaron separados por una gran distancia.

Mateo también notó que algo andaba mal, pero no preguntó más.

Después del desayuno, Belén se ofreció a lavar los trastes, y Alejandra la acompañó.

Cuando terminaron de recoger, el sol comenzó a asomar lentamente por el horizonte, desplegando su luz anaranjada.

El grupo se sentó junto para concentrarse en ver el amanecer.

En el momento en que el sol se elevó por completo en el cielo, Esteban sacó su celular y tomó varias fotos de los cinco.

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