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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 742

Le preguntó, incapaz de resignarse:

—¿Estás dispuesta a dejarnos a mí y a Cecilia?

Belén le devolvió la pregunta con una sonrisa burlona:

—¿Hay alguna razón para no estarlo?

Fabián no respondió, simplemente se quedó mirando a Belén largamente. Después de observarla por un buen rato, finalmente dijo:

—Está bien, divorciémonos.

Al escucharlo, Belén finalmente suspiró aliviada y continuó preguntando:

—Entonces, ¿cuándo puedes ir conmigo al Registro Civil?

Fabián le respondió:

—Mañana. Hoy tengo que ir a la empresa a resolver unos asuntos.

Belén no siguió presionando, temiendo que fuera contraproducente, y dijo:

—Está bien.

Viendo que el tema del divorcio por fin se había cerrado, Fabián volvió a tomar el tazón de sopa, lo agitó un poco y le dijo a Belén:

—Come algo.

Belén estiró la mano para tomar el tazón:

—Yo puedo sola.

Cuando Belén terminó de comer, Fabián recogió los trastes y se quedó acompañándola un rato más.

A pesar de que no se dijeron ni una palabra, Fabián decidió quedarse allí un tiempo.

Al ver que Leonel llamaba de nuevo, Fabián finalmente se levantó para recoger sus cosas.

Una vez listo, se inclinó mirando a Belén:

—Si necesitas algo, llama a la enfermera, ya dejé todo arreglado.

Belén no lo miró, solo asintió con la cabeza.

Fabián, al ver que ella no tenía intención de hablar más con él, no la forzó. Tomó las cosas y salió de la habitación.

Bajó en el elevador hasta el estacionamiento en el sótano. Al salir del elevador, caminó directo hacia su carro.

La mano de Tobías, que colgaba al costado de su pantalón, se cerró de golpe.

Al mismo tiempo, la sonrisa en su rostro se fue apagando poco a poco.

Apretó los dientes y empujó con la lengua el interior de su mejilla, que se sentía un poco entumecida:

—Más te vale que puedas conservarlo siempre.

Fabián parecía un vencedor que acababa de ganar una batalla, su rostro estaba lleno de orgullo y malicia:

—Te tomo la palabra.

Tobías dio un paso adelante, acercándose a Fabián. Ambos eran casi de la misma estatura, dos cuerpos imponentes muy cerca el uno del otro, sin que ninguno cediera.

En el silencio, se podía sentir la pólvora en el aire.

Tobías alzó una ceja y dijo fríamente, torciendo la boca:

—Fabián, si logras mantener esa presunción para siempre, eso sí sería una hazaña. De lo contrario, tarde o temprano ella será mía. No tengo miedo de decírtelo: voy a pelear por Belén con todo lo que tengo. Si te divorcias de ella, seré su segundo esposo; si no te divorcias, seré su amante, seré el otro. De cualquier forma, haré que mi sombra esté en cada rincón de su vida. Seré como un veneno que se infiltra lentamente en su corazón.

Al terminar, Tobías soltó una risa maliciosa. Esa sonrisa era una declaración de guerra abierta.

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