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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 758

Rosario se incorporó en los brazos de Belén y respondió obedientemente:

—Entendido, mamá. Entonces no diré nada.

Dolores se acercó, extendió los brazos y bajó a Rosario de la cama del hospital.

Después de ponerle los zapatos, Dolores miró a Belén y le dijo:

—Belén, voy a llevar a Rosa abajo y luego subo para hacerte compañía.

Belén se quedó un momento pensativa, sin entender del todo.

—Cuñada, ¿Rosa se irá sola a la escuela?

Dolores soltó una risa suave.

—No te preocupes, hay alguien abajo esperándola.

Belén asumió que se trataba de Leandro Soler, así que no hizo más preguntas.

Cuando Dolores acompañó a Rosario a la planta baja, el coche de Tobías acababa de estacionarse junto a la acera.

Tobías bajó del auto y le dijo a la niña:

—Rosa, hoy irás a la escuela con Fabio.

Rosario corrió desde donde estaba Dolores hasta quedar frente a Tobías. Extendió su manita y enganchó sus dedos con los de él.

—Está bien, haré todo lo que diga el señor Tobías.

Al ver lo contenta que estaba la niña, Tobías no pudo evitar revolverle el cabello.

—¿Qué pasa? ¿Por qué tan contenta?

Rosario, con su pequeña mochila a la espalda, alzó la cara para mirarlo y le hizo un gesto con el dedo para que se acercara.

—Señor Tobías, agáchese, tengo que contarle algo.

Ver a Rosario tan seria despertó la curiosidad de Tobías.

Se agachó y acercó el oído a la niña.

Rosario juntó sus manos a modo de secreto y se pegó al oído de Tobías para susurrarle:

—Señor Tobías, mi tía estuvo gritando su nombre toda la mañana.

Al escuchar eso, la sonrisa en los labios de Tobías se profundizó al instante, y la presunción y el orgullo en sus ojos se mostraron sin reservas.

Le preguntó a Rosario:

—¿Y qué era lo que gritaba tu tía?

Rosario negó con la cabeza y frunció el ceño.

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