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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 256

La representante francesa llegó acompañada por una intérprete y una especialista en adaptación infantil. Victoria había preparado los expedientes médicos, las evaluaciones escolares de los tutores privados y las notas de los terapeutas, pero Élise apareció con una carpeta más gruesa y ocupó un asiento antes de que alguien le indicara dónde hacerlo.

Victoria intentó no interpretar el gesto como un desafío. Desde que Daniel escapó, desconfiaba de cualquiera que intentara controlar la información, aunque sabía que no podía comparar cada desacuerdo con las manipulaciones de un hombre obsesionado con poseerla.

—Quisiera comenzar por las rutinas —dijo la representante—. Necesitamos comprender quién participa diariamente en el cuidado.

—Yo organizo los horarios desde que llegaron —respondió Élise—. Mathis necesita una estructura constante y Camille debe dejar de asumir responsabilidades que corresponden a los adultos.

Victoria reconoció que aquello era cierto, pero le incomodó que Élise hablara como si fuera la única que comprendía a los niños.

—También hemos trabajado en eso —intervino—. Camille ya acude conmigo cuando se siente sobrecargada.

Élise sonrió con aparente cortesía.

—Recientemente, sí.

La representante hizo una anotación y Victoria se obligó a guardar calma. Temía que cualquier reacción fuera utilizada para presentarla como una presencia inestable, justo cuando la adopción dependía de demostrar lo contrario.

—¿Quién acompaña a Mathis durante las noches?

—Yo sigo el protocolo indicado por sus especialistas franceses —respondió la niñera.

Mathis levantó la mano desde el sillón cercano.

—A veces busco a Adrián.

Todos lo miraron.

—¿Cuándo? —preguntó la especialista.

—Cuando sueño que se llevan a Camille.

Adrián se inclinó hacia él.

—Puedes buscarme siempre que lo necesites.

Camille tomó la mano de su hermano.

—Yo también voy con Victoria.

—¿Por qué? —preguntó la representante.

—Porque no me dice que debo ser fuerte todo el tiempo.

La declaración conmovió y lastimó a Victoria. Camille había pasado demasiado tiempo creyendo que su valor dependía de proteger a Mathis, como si ser una niña asustada fuera un lujo que no podía permitirse.

Élise se movió en su asiento.

—Los niños han formado vínculos recientes, pero todavía necesitan distinguir entre afecto y responsabilidad legal.

Camille frunció el ceño.

—Quiero que Victoria sea mi mamá.

—Camille —la reprendió Élise—, debes esperar a que te hagan una pregunta.

La niña bajó la mirada de inmediato y apretó la mano de Mathis. Victoria sintió que su indignación aumentaba, pues no permitiría que alguien les enseñara que debían guardar silencio para conservar un lugar.

—Puede hablar —dijo.

Élise la observó con evidente disgusto.

—Interrumpir puede afectar la evaluación.

—La evaluación trata sobre su vida y tiene derecho a decir lo que siente.

La representante levantó una mano antes de que la discusión continuara.

—La señora Victoria tiene razón. Camille, puedes continuar.

La niña dudó antes de mirar a los adultos.

—No quiero que nos separen ni vivir con otra familia. Victoria escucha cuando digo que estoy cansada y Adrián no obliga a Mathis a hablar cuando tiene miedo.

—¿Cómo te sientes con Élise? —preguntó la especialista.

Camille miró a la niñera, como si temiera que una respuesta equivocada pudiera herirla.

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