Adrián esperó a Victoria en la biblioteca.
No fue una espera tranquila.
Victoria no había respondido.
Antes, eso habría sido impensable. Siempre avisaba. Siempre encontraba la forma de no hacerlo sentir ignorado, incluso cuando él la ignoraba a ella sin culpa.
Esa tarde, el silencio de Victoria le pareció una respuesta.
Y no le gustó.
Clara entró para dejar una bandeja con café, pero se detuvo al ver que Adrián seguía de pie.
—¿Desea algo más, señor?
—No.
La empleada asintió y salió sin insistir.
Adrián tomó el teléfono otra vez.
Nada.
Se dijo que le preocupaba su seguridad. Pero la explicación empezó a romperse en cuanto pensó en la tarjeta inmobiliaria, en el comprobante que quizá ya habría firmado, en la posibilidad de que ella estuviera eligiendo una vida donde él no pudiera entrar.
Eso no era seguridad.
Era pérdida de acceso.
La puerta principal se abrió casi a las siete.
Adrián salió de la biblioteca antes de pensarlo.
Victoria entró con el bolso al hombro y una carpeta bajo el brazo. No parecía alterada. No venía con la expresión de alguien que tuviera algo que ocultar, aunque tampoco mostró intención de explicar.
—Llegaste —dijo él.
Ella cerró la puerta y miró hacia el reloj del vestíbulo.
—Sí.
—Te llamé varias veces.
—Lo vi.
Adrián sintió la respuesta como una provocación, aunque el tono de Victoria fue neutral.
—¿Y no pensaste contestar?
—Estaba ocupada.
—¿Ocupada dónde?
Victoria sostuvo la carpeta contra su cuerpo.
—Resolviendo temas personales.
Adrián dio un paso hacia ella.
—¿Qué temas?
Ella lo miró con cansancio tranquilo.
—No todo necesita pasar por ti.
La frase lo golpeó en un punto que todavía no sabía nombrar. No todo. No él. No su permiso. No su voz dentro de cada decisión.
—Seguimos casados —dijo.
—Lo sé.
—Entonces no es absurdo que quiera saber dónde estás si no respondes durante horas.
Victoria dejó el bolso sobre una mesa lateral.
—Adrián, durante años pasabas días enteros emocionalmente ausente y yo no sabía en qué parte de ti intentar encontrarte. No convirtamos unas horas sin respuesta en una tragedia.
Él apretó la mandíbula.
—No hablo de emociones. Hablo de seguridad.
—¿Desde cuándo mi seguridad te importa más que mi obediencia?
El silencio cayó entre ambos.
Adrián abrió la boca, pero no encontró una respuesta inmediata.
Victoria tampoco pareció esperar una. Caminó hacia las escaleras, pero él se movió un poco, no lo suficiente para bloquearle el paso, sí para marcar que la conversación no había terminado.
—No me hables como si quisiera controlarte.
Ella se detuvo.
—Entonces no me preguntes como si tuviera que reportarme.
—No es reportarte. Es consideración.
Victoria lo miró.
—La consideración se pide de ida y vuelta. No solo cuando uno siente que pierde control.
La palabra le molestó.
—No estoy perdiendo control.
—Por eso estás aquí preguntando dónde estuve, qué hice y por qué no contesté.
Adrián pasó una mano por su rostro.
—Victoria, no quiero pelear.
—Yo tampoco.
—Pero me preocupa que estés tomando decisiones importantes sin hablar conmigo.
Ella bajó la mirada a la carpeta.
—Estoy tomando decisiones sobre mi vida.
—Una vida que todavía está unida a la mía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....