Entrar Via

De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 54

Victoria no volvió al taller de inmediato.

Salió de la sala y caminó hacia el vestíbulo, pero al llegar a la entrada se detuvo. Afuera la esperaba el auto que había solicitado. Adentro quedaba Adrián, con sus palabras torpes, sus intentos a medias y esa manera de acercarse que todavía parecía una advertencia aunque él dijera lo contrario.

Durante años, Victoria había evitado conversaciones definitivas.

No porque no tuviera nada que decir. Tenía demasiado. Lo había guardado en la garganta, en sonrisas de evento, en silencios de hospital, en noches donde Adrián regresaba tarde y ella fingía no haber contado las horas.

Pero esa tarde comprendió que irse sin hablar solo aplazaría lo inevitable.

Volvió sobre sus pasos.

Adrián seguía en la sala, de pie junto a la ventana. Giró al escucharla.

—¿Olvidaste algo? —preguntó.

Victoria cerró la puerta detrás de sí.

—Sí. Decirte algo con claridad.

Él se enderezó.

—Te escucho.

Victoria dejó la carpeta sobre una mesa lateral. Necesitaba las manos libres para hablar de todo lo que había cargado tanto tiempo.

—No voy a permitir que el apellido Montenegro se use otra vez para detenerme.

Adrián frunció apenas el ceño.

—No quiero detenerte.

—Tal vez no lo entiendas así. Pero cada vez que hablas de prudencia, imagen familiar o comentarios sociales, lo que escucho es lo mismo de siempre: Victoria debe ajustarse para que nadie se incomode.

Él guardó silencio.

—Me ajusté durante años —continuó ella—. Me compararon con Fernanda en cenas, pasillos, hospitales y eventos. Me hicieron sentir que mi lugar al lado tuyo era provisional, algo que debía agradecer aunque doliera. Y tú estabas ahí.

Adrián bajó la mirada.

—Lo sé.

—No. Escúchalo completo.

Él volvió a mirarla.

—Estabas ahí cuando tus invitados hablaban de la vida que perdiste con Fernanda. Cuando tu madre me trataba como una solución práctica. Cuando mi familia agradecía mi sacrificio como si nuestro matrimonio hubiera sido un servicio prestado. Cuando todos esperaban que sonriera para no arruinar el regreso de Fernanda.

Adrián apretó los labios.

—No siempre supe cómo actuar.

—Yo tampoco —respondió Victoria—. Pero igual tuve que hacerlo.

La frase lo dejó quieto.

Victoria respiró con cuidado. No quería quebrarse ni convertir su dolor en una escena que él pudiera consolar. Necesitaba que fuera una verdad puesta sobre la mesa.

—Soporté todo para protegerte. Para no dar escándalos. Para no poner en riesgo acuerdos. Para no lastimar a Fernanda. Para no contrariar a Regina. Para no avergonzar a mi familia. Y ahora que estoy construyendo algo propio, ese mismo apellido no puede convertirse en la razón para pedirme que me esconda.

Adrián dio un paso hacia ella.

—No quiero que te escondas.

—Entonces deja de pedirme prudencia cada vez que alguien me mira fuera del papel que te conviene.

—No es un papel que me convenga.

Victoria lo miró con tristeza.

—¿No? Durante años te convino que yo fuera discreta. Que no reclamara. Que entendiera tu dolor por Fernanda y no te exigiera mirar el mío. Te convino tener una esposa que administrara la casa, sostuviera a tu familia y no pidiera demasiado.

Adrián sintió cada palabra como una deuda.

—Eso no significa que no seas mi esposa.

Victoria soltó una respiración lenta.

—Legalmente, sí.

Él se tensó.

Ella no apartó la mirada.

—Emocionalmente, hace tiempo dejé de sentirme así.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO