Mathis encontró una caja destinada al apartamento de Regina y llegó a una conclusión que ningún adulto había previsto. Si alguien estaba empacando, significaba que la familia comenzaba a deshacerse. Se quedó frente al recipiente abierto, mirando varios libros y marcos envueltos, hasta que Camille lo llamó para la merienda.
—Nos van a mandar a Francia —susurró él.
—No dijeron eso.
—Ella se va porque nosotros llegamos.
Camille intentó repetir las explicaciones de Victoria, pero Mathis ya no escuchaba. Corrió hacia el invernadero y se escondió detrás de una banca. Cuando Adrián y Victoria descubrieron su ausencia, la mansión se llenó de pasos contenidos y llamadas entre el personal.
—No saldría de la propiedad —aseguró Camille, aunque su voz revelaba miedo—. Cuando cree que van a separarnos, busca un sitio pequeño.
Regina fue quien vio una zapatilla debajo de la banca. Se acercó, pero no se inclinó para sacarlo.
—Mathis, sé que estás ahí.
El niño guardó silencio.
—No voy a tocarte. Me sentaré cerca.
Regina se sentó a cierta distancia. Indicó al guardia que avisara a Adrián y pidió que nadie entrara todavía.
—Encontraste mis cajas —dedujo—. Yo también habría pensado que algo malo estaba pasando si los adultos hablaran sin explicarme.
—Te vas porque no nos quieres.
—No.
—Entonces es porque nos quieren llevar.
Regina miró sus propias manos. Deseaba asegurarle que nada cambiaría, pero ya había aprendido que las certezas falsas dañaban más cuando se rompían.
—Los evaluadores quieren saber si todos podemos respetar las reglas que necesitan. Dije que viviría en otro lugar si mi presencia les causaba problemas.
—Yo no quiero tu cuarto.
—Qué alivio. Está lleno de muebles incómodos.
Mathis asomó parte del rostro, desconcertado por la respuesta. Regina no aprovechó el movimiento para acercarse.
—No tienes que irte —dijo él.
—Quizá no tenga que hacerlo. Esas cajas son una preparación, no una despedida.
—Las despedidas siempre empiezan con cajas.
La frase le recordó a Regina que el niño conocía pérdidas que ella apenas podía imaginar. Todo su dinero resultaba inútil frente a aquel aprendizaje.
—Entonces no volveré a preparar una sin explicártelo antes —respondió—. Fue un error.
Victoria llegó al invernadero y se detuvo en la entrada. Adrián quiso avanzar, pero ella tocó su brazo. Mathis no parecía en peligro y Regina estaba respetando su espacio. Interrumpirla solo confirmaría que nadie confiaba en ella.
—¿Mamá sabe que te vas? —preguntó el niño.
—Sí.
—¿Y papá?
—También.
—¿Y Camille?
Regina negó con la cabeza.
—Debimos contárselo a los dos antes de mover las cajas.
Mathis salió lentamente de su escondite, pero permaneció junto a la banca.
—Camille dice que tengo que ser valiente.
—Camille te ama, aunque a veces confunde ser valiente con no pedir ayuda. Victoria está intentando enseñarle otra cosa.
—¿Tú tienes miedo?
Regina pensó en la mansión, en su hijo y en la posibilidad de quedarse fuera de una familia que había intentado dirigir durante demasiado tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....