La recepción de la fundación Montenegro se realizó en el salón principal de un hotel privado.
Victoria llegó del brazo de Adrián, como correspondía. Llevaba un vestido sobrio, el cabello recogido y una sonrisa serena que había aprendido a sostener incluso cuando todo dentro de ella pedía distancia.
Esa noche debía ocupar su lugar como esposa.
Regina lo dejó claro desde temprano.
—Los socios estarán observando —le había dicho—. Necesitamos una imagen intachable.
Victoria no preguntó qué significaba intachable. Ya lo sabía. Significaba estar junto a Adrián cuando la familia lo necesitara, pero no olvidar que Fernanda seguía siendo el centro emocional de todos.
Al entrar al salón, varios invitados se acercaron a saludar.
—Señora Montenegro, qué gusto verla.
—La fundación ha hecho un trabajo admirable.
—Su apoyo a Adrián ha sido alguien muy importante en todo esto.
Victoria agradeció cada comentario con educación.
Adrián estaba a su lado, correcto y distante. No la ignoraba, pero tampoco la veía realmente. Cumplía el papel de esposo ante los demás con la misma habilidad con la que ella cumplía el de esposa.
Fernanda llegó poco después con Regina.
El salón se movió alrededor de ella.
No caminaba con total seguridad todavía, pero se veía mejor que en días anteriores. Llevaba un vestido claro y una expresión dulce que despertó comentarios de ternura entre los invitados. Adrián se tensó apenas al verla, como si su atención hubiera recibido una orden inmediata.
Victoria lo notó.
Siempre lo notaba.
—¿Estás bien? —le preguntó él a Fernanda apenas se acercó.
—Sí. No quería perderme esto.
—Podías descansar.
Fernanda sonrió.
—Quería estar aquí por ti.
Regina miró la escena con satisfacción. Algunos invitados intercambiaron miradas discretas. La situación era demasiado evidente para quienes conocían la historia.
Victoria no intervino.
Minutos más tarde, Regina llamó a Adrián para el brindis. Él subió al pequeño estrado con Victoria a su lado. Era la imagen que la familia necesitaba: el señor Montenegro y su esposa, encabezando un evento formal, representando estabilidad.
Adrián tomó el micrófono.
—Gracias por acompañarnos esta noche. La fundación nació para apoyar a familias que enfrentan procesos médicos largos y difíciles. Hoy ese propósito tiene un significado muy personal para nosotros.
Victoria sintió varias miradas dirigirse hacia Fernanda.
Adrián continuó:
—Hemos aprendido que la recuperación no depende solo de médicos y tratamientos, sino también de paciencia, familia y apoyo constante.
Victoria sostuvo la copa sin beber.
En el salón, Fernanda estaba de pie junto a Regina. Al escuchar esas palabras, se llevó una mano al pecho. Al principio pareció emoción. Luego su rostro cambió.
Regina la sostuvo del brazo.
—Fernanda, ¿qué tienes?
Adrián dejó de hablar.
Fernanda cerró los ojos y perdió estabilidad.
El movimiento fue leve, pero suficiente.
Adrián bajó del estrado de inmediato.
No terminó el brindis. No miró a Victoria. No pidió disculpas al público. Solo caminó hacia Fernanda con una urgencia que todos vieron.
—Fer, mírame —dijo al llegar a su lado—. ¿Te sientes mal?
Regina pidió espacio. Isabel se acercó de inmediato. Varios invitados se quedaron en silencio, sin saber hacia dónde mirar.
Victoria permaneció en el estrado.
Sola.
La elección no necesitó palabras.
Adrián estaba inclinado junto a Fernanda, tomándole la mano, preguntándole si podía respirar bien, si quería sentarse, si necesitaba al doctor. Victoria seguía de pie frente al micrófono, con la copa en la mano y decenas de ojos sobre ella.
Algunos invitados la miraron con lástima.
Otros apartaron la vista.
Victoria dejó la copa sobre la mesa del estrado y tomó el micrófono con calma.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....