Adrián no respondió.
Victoria permaneció frente a él, tranquila, con la carpeta cerrada sobre la mesa. Le había preguntado si alguna vez intentó verla como su esposa, y el silencio de Adrián le dio la respuesta antes de que él pudiera construir una frase menos cruel.
Él abrió la boca, pero no salió nada.
Victoria lo miró sin sorpresa.
Durante años había esperado muchas cosas de Adrián. Una explicación, un gesto, una señal de que tal vez no todo estaba perdido. Esa noche, sin embargo, ya no necesitaba que le diera una respuesta bonita ni una mentira amable.
Su silencio era suficiente.
—Victoria… —dijo él al fin.
Ella bajó la mirada a la carpeta.
—No tienes que responder.
Adrián frunció el ceño.
—Sí tengo.
—No. Ya lo hiciste.
Él dio un paso hacia ella, pero se detuvo al notar que Victoria tomaba la carpeta y la sostenía contra su cuerpo.
—¿Qué es eso? —preguntó.
Victoria no se alteró.
—Papeles personales.
Adrián miró la carpeta con atención. Alcanzó a ver el membrete de un despacho legal antes de que ella acomodara los documentos y los cubriera con la solapa.
—Eso no parece personal.
—Lo es para mí.
La respuesta fue tranquila. No desafiante. No cargada de enojo. Precisamente por eso Adrián sintió una incomodidad que no supo explicar.
—¿Estás hablando con un abogado?
Victoria sostuvo su mirada.
—Ahora no es el momento para esa conversación.
—¿Y cuándo pensabas decirme?
—Cuando fuera necesario.
Adrián apretó la mandíbula.
La mujer frente a él seguía siendo Victoria. Su esposa. La misma mujer que durante años caminó a su lado en eventos familiares, que recibió a sus invitados, que estuvo en hospitales, cenas y reuniones sin exigir nada. Pero algo en ella ya no estaba al alcance de sus manos.
—No entiendo qué estás haciendo —dijo él.
Victoria dejó la carpeta sobre una silla cercana, lejos de su vista.
—Lo sé.
—No me hables como si yo fuera un extraño.
Ella lo miró con una calma que le pesó más que cualquier reproche.
—A veces fuiste más extraño para mí que cualquier desconocido, Adrián.
Él se quedó callado.
Victoria no se permitió suavizar la frase. Tampoco la dijo para herirlo. Solo era verdad.
Adrián pasó una mano por su cabello, intentando ordenar una conversación que se le estaba escapando.
—Todo esto es por lo de Fernanda.
Victoria casi sintió cansancio ante la frase.
—No.
—Desde que despertó, estás diferente.
—Desde antes.
—No, Victoria. Antes no eras así.
Ella sostuvo la mirada.
—Antes esperaba más.
Adrián no encontró una respuesta inmediata.
Victoria caminó hacia la ventana, no para huir, sino para darse unos segundos. La casa estaba en calma. Demasiado en calma para una conversación que cerraba años de silencio.
—No estoy molesta porque Fernanda despertó —dijo al fin—. Tampoco estoy castigándote por haber corrido hacia ella esta noche.
—Entonces, ¿qué es?
Victoria giró hacia él.
—Es haber entendido que tú siempre corres hacia ella.
Adrián tensó el rostro.
—Está recuperándose.
—Lo sé.
—Necesita apoyo.
—También lo sé.
—Entonces no me pongas en una posición imposible.
Victoria lo miró con una tristeza serena.
—Yo viví años en una posición imposible y no te diste cuenta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....