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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 32

Fernanda notó la distracción de Adrián antes de que él pudiera esconderla.

Estaban en el salón pequeño de la mansión Montenegro. Regina hablaba con el doctor en otra habitación, y Adrián tenía el celular en la mano sin parecer leer nada.

Desbloqueaba la pantalla, la bloqueaba y guardaba silencio.

—Estás distraído —dijo Fernanda.

Adrián levantó la mirada.

—Solo tengo pendientes.

—¿De la empresa?

—También.

Fernanda inclinó un poco la cabeza.

—¿De Victoria?

La pregunta fue suave, pero llegó al lugar exacto.

Adrián guardó el teléfono en el bolsillo.

—No tienes que preocuparte por eso.

Fernanda bajó la mirada a sus manos.

—Es difícil no hacerlo cuando todos hablan con cuidado cada vez que ella entra a una habitación.

—Nadie quiere alterarte.

—Lo sé. Pero no soy una niña, Adrián.

Él tomó asiento frente a ella.

—Estás recuperándote. Es distinto.

Fernanda sostuvo su mirada con esa fragilidad que parecía natural, pero que sabía usar muy bien.

—Mañana tengo revisión con el neurólogo.

—Sí, tu madre me dijo.

—Quiero que vengas conmigo.

Adrián no dudó.

—Claro.

Fernanda pareció relajarse.

—Me siento más tranquila si estás conmigo.

—Estaré ahí.

La respuesta salió rápida.

Y entonces recordó.

Victoria tenía una reunión al mediodía. Él había prometido acompañarla, escuchar parte de la presentación y luego comer juntos. No era un gesto romántico, pero para Victoria había significado algo.

Durante años, ella era quien ajustaba. Quien cedía. Quien entendía.

Ahora Fernanda lo miraba, esperando ocupar su lugar.

—¿Seguro puedes? —preguntó ella.

—Sí —respondió Adrián—. Puedo mover lo necesario.

Más tarde, Victoria bajó al estudio con una carpeta en la mano. Adrián la esperaba junto al escritorio.

—Necesito hablar contigo.

Ella dejó la carpeta sobre la mesa.

—Dime.

Adrián notó que no llevaba el anillo. Ya no debería sorprenderle, pero cada vez que veía su mano sin él algo se tensaba dentro de él.

—Mañana no podré acompañarte a la reunión.

Victoria sostuvo su mirada.

—¿Por Fernanda?

La calma de la pregunta lo hizo sentirse más culpable.

—Tiene una revisión importante con el neurólogo. Me pidió que fuera con ella.

Victoria asintió despacio.

—Entiendo.

Adrián esperó un reproche. Algo que le permitiera explicarse.

No llegó nada.

—Iré sola —dijo ella.

—Puedo mandar al chofer.

—No hace falta.

—Victoria, no lo digo para molestarte. Lo de Fernanda es delicado.

—No dije lo contrario.

—Entonces, ¿por qué siento que estás molesta?

Victoria cerró la carpeta con cuidado.

—Porque antes te lo habría explicado todo para que no te sintieras culpable. Ahora solo estoy aceptando la situación.

Adrián se quedó callado.

—No quiero fallarte.

Ella lo miró con una tristeza tranquila.

—No te preocupes. Ya no estoy contando contigo para este tipo de cosas.

La frase fue serena.

Eso la hizo peor.

Victoria salió de la sala con cansancio y satisfacción. No era una alegría enorme. Era algo más estable. Una prueba de que podía sostenerse.

Daniel caminó a su lado.

—Lo hiciste bien.

—Me ayudó que no me interrumpieras.

—No tenía por qué hacerlo. Sabías lo que estabas diciendo.

Victoria bajó la mirada, pero no por inseguridad. Estaba aprendiendo a recibir reconocimiento sin disculparse por él.

Horas después, Adrián se enteró por Camila Duarte, quien lo conocía por la fundación.

—Tu esposa tiene muy buen criterio —comentó ella—. Hoy defendió una propuesta excelente.

Adrián se quedó quieto en su oficina.

—¿Victoria?

—Sí. Está trabajando con Daniel Reyes en el proyecto hotelero. Es discreta, pero sabe lo que hace. Deberías estar orgulloso.

La frase lo dejó sin respuesta.

Después de colgar, Adrián permaneció sentado varios minutos.

Victoria había ido sola. La reunión había salido bien. Y alguien más se lo estaba contando.

No debería molestarle. Él había cancelado. Fernanda lo necesitaba. Todo tenía una explicación.

Aun así, la incomodidad quedó.

No eran celos. Aún no quería llamarlo así.

Era la sensación de haber quedado fuera de algo que antes Victoria habría querido compartirle.

Antes buscaba su aprobación, incluso cuando él no se la daba.

Ahora avanzaba sin mirar atrás para comprobar si él la estaba viendo.

Adrián abrió el chat de Victoria.

Escribió:

Me dijeron que te fue bien. Felicidades.

Tardó unos segundos en enviarlo.

Le pareció poco. Tarde. Insuficiente.

Victoria vio el mensaje cuando ya estaba en casa, frente a su computadora.

Lo leyó pero, nisiquiera sonrió.

Después de unos minutos, respondió:

Gracias.

Adrián miró esa única palabra en la pantalla.

Y entendió, con una molestia que no supo justificar, que Victoria avanzaba sin esperarlo.

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