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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 33

Victoria pasó la mañana en el taller de Daniel, ahí se sentía más cómoda que en la mansión Montenegro, donde cada gesto parecía medirse por Fernanda, Regina o Adrián.

En el taller, en cambio, su opinión importaba.

—No puede depender solo de la apariencia —dijo Victoria, señalando el prototipo sobre la mesa—. Si el cliente quiere lujo, también va a exigir durabilidad. No sirve de nada que luzca bien si se daña con el uso diario.

Daniel, de pie a su lado, revisó el plano.

—Eso mismo pensé. Por eso quería que lo vieras antes de presentarlo.

Victoria lo miró.

—¿Antes de presentarlo a quién?

Daniel cerró la carpeta que llevaba en la mano.

—A una marca privada. Trabajan con objetos de alto valor para hoteles boutique y residencias exclusivas. Quieren desarrollar una línea pequeña, muy cuidada. Piezas funcionales, pero con identidad propia.

Victoria tardó unos segundos en responder.

—¿Y quieres que revise algo del proyecto?

—Quiero que participes.

Ella soltó una respiración lenta.

—Daniel, apenas estoy entrando de nuevo en esto.

—Y lo estás haciendo bien.

—Una cosa es colaborar en ajustes y otra formar parte de un proyecto privado para una marca de ese nivel.

Daniel apoyó la carpeta sobre la mesa.

—Victoria, no te estoy invitando por tu apellido ni por quedar bien con nadie. De hecho, si quisiera quedar bien con la élite, habría buscado a alguien con más ruido alrededor. Te elegí porque sabes pensar un producto completo.

Victoria bajó la mirada al prototipo.

Ese reconocimiento aún la desarmaba, quizá porque había pasado demasiado tiempo creyendo que su valor estaba en adaptarse: ser útil, prudente y no estorbar.

—Me da miedo exponerme —admitió.

Daniel no la presionó.

—Es normal. Pero el miedo no significa que no puedas hacerlo.

Victoria tocó una de las muestras de acabado y luego retiró la mano.

—¿Cuándo sería la presentación?

—En dos semanas. Antes habría reuniones técnicas. Necesito a alguien que cuestione lo que no funciona, no alguien que solo diga que todo está bien.

Victoria pensó en la libreta guardada en su habitación. En la fecha límite. En los documentos del abogado. En la vida que intentaba construir antes de marcharse del todo.

—Acepto —dijo.

Daniel sonrió con discreción.

—Entonces empezamos hoy.

Durante horas trabajaron juntos. Daniel la escuchó, hizo preguntas y defendió sus observaciones frente al equipo.

Victoria entendió algo importante: él no la ayudaba a demostrar su valor; la trataba como si ya fuera evidente.

Al mediodía, Laura llegó con café y documentos.

—Me gusta verte así —le dijo a Victoria mientras revisaban unas muestras.

—¿Así cómo?

—Ocupada en algo que no te hace pedir permiso para existir.

Victoria no respondió, pero la frase se quedó con ella.

Esa tarde, Regina supo por una conocida que la esposa de Adrián Montenegro colaboraba con Daniel Reyes en un proyecto de lujo.

Antes de que Adrián terminara su jornada, Regina lo llamó.

—¿Sabías que Victoria está trabajando en otro proyecto? —preguntó apenas él contestó.

Adrián dejó a un lado el informe que estaba revisando.

—Sí. Algo me comentó.

—No me refiero a una colaboración menor. Dicen que será una presentación importante. Con Daniel Reyes.

El nombre le incomodó, aunque no quiso reconocerlo.

—¿Y cuál es el problema?

Regina guardó silencio un segundo, como si la pregunta le pareciera absurda.

—El problema es que Fernanda sigue en recuperación. La casa está reorganizando rutinas, visitas, médicos. Victoria debería estar disponible.

Adrián se quedó mirando la ventana de su oficina.

—Victoria no es enfermera de Fernanda.

Regina no respondió de inmediato.

—Nadie dijo eso.

—Lo estás insinuando.

—Estoy diciendo que en este momento la familia necesita prudencia. No conviene que Victoria empiece a exponerse justo ahora, menos con un hombre soltero que además pertenece a un círculo cercano al nuestro.

Adrián apretó la mandíbula.

—Su trabajo no tiene nada que ver con eso.

—Adrián, no seas ingenuo. La gente habla. Fernanda apenas está recuperándose y tu esposa aparece en reuniones profesionales con otro hombre. Es innecesario.

La molestia de Adrián creció, aunque no sabía contra quién.

Le irritaba que su madre hablara de Victoria como si debiera vivir para Fernanda, pero también imaginarla en un taller con Daniel, construyendo una vida donde él ya no tenía lugar.

—Victoria tiene derecho a trabajar —dijo al fin.

Regina soltó una exhalación breve.

—Claro que sí. Pero también tiene responsabilidades.

—Todos las tenemos.

—Ella es tu esposa.

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