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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 28

Adrián empezó a notar los cambios en detalles pequeños.

La mañana del lunes abrió el armario y no encontró la camisa que pensaba usar para una junta. No era que faltara ropa. Todo estaba limpio y acomodado, pero la combinación que Victoria solía dejar lista ya no estaba.

Se quedó mirando las camisas durante unos segundos.

Antes no pensaba en eso. Solo entraba, tomaba lo preparado y salía. Victoria siempre parecía anticiparse. Camisa, corbata, mancuernillas, incluso el pañuelo correcto si tenía un evento formal.

Esa mañana tuvo que elegir él.

No era grave.

Pero, por alguna razón, le molestó.

Bajó al comedor y encontró la mesa servida solo para él.

—¿La señora Victoria ya desayunó? —preguntó.

Clara se acercó con una taza de café.

—Sí, señor. Salió temprano.

Adrián frunció el ceño.

—¿A dónde?

—No me lo indicó.

La respuesta fue respetuosa, pero le dejó una incomodidad inmediata.

Victoria siempre decía a dónde iba. No porque él se lo exigiera, sino porque había construido su vida alrededor de avisar, ajustar, esperar. Ahora salía sin explicación.

Revisó su teléfono.

No tenía mensajes de ella.

Durante el día intentó concentrarse en la oficina, pero la sensación volvió varias veces. Al mediodía recibió una llamada de Regina para pedirle que acompañara a Fernanda a una cena familiar esa noche. Adrián aceptó casi por reflejo.

Más tarde, cuando llegó a casa para cambiarse, escuchó la puerta principal cerrarse.

Victoria entraba con una carpeta y una bolsa pequeña de comida.

—¿Vienes llegando? —preguntó él desde el recibidor.

Ella lo miró con calma.

—Sí.

—¿Dónde estabas?

—Cené fuera.

Adrián se quedó quieto.

—¿Sola?

—Con Laura y Daniel. Revisamos detalles del proyecto.

El nombre de Daniel le tensó la mandíbula.

—Pudiste avisarme.

Victoria dejó la bolsa sobre una mesa lateral.

—No sabía que debía hacerlo.

—No se trata de deber. Se trata de consideración.

Ella sostuvo su mirada.

—¿Ibas a cenar conmigo?

Adrián no respondió enseguida.

—Cena con Fernanda y tus padres.

—Entonces no hacía falta que te avisara.

La frase fue tranquila. No hubo reproche. Eso la hizo más difícil de responder.

Adrián miró sus manos.

No llevaba el anillo.

Ya lo había notado en otras ocasiones, pero esa noche le resultó imposible ignorarlo. En casa, Victoria ya no lo usaba. En eventos familiares tal vez sí, cuando el papel de esposa lo exigía, pero dentro de la mansión parecía haber dejado de necesitar ese simbolo.

—No traes tu anillo —dijo.

Victoria bajó la vista a su mano.

—No.

—¿Por qué?

—Me incomodaba.

Adrián sintió que la respuesta era demasiado simple para algo que no lo era.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace un tiempo.

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