Adrián permaneció despierto hasta el amanecer, atrapado entre la alegría que despertaba el embarazo y la idea de que podía convertirse en la causa de una pérdida imposible de soportar. Cuando Victoria abrió los ojos, él ya había revisado sus medicamentos y reorganizado las actividades del día para reducir cualquier esfuerzo que considerara innecesario.
—Hoy veremos vestidos —le recordó ella.
—Podemos posponerlo.
—No quiero hacerlo.
—Dormiste poco.
—Porque desperté varias veces y te encontré mirándome.
Adrián intentó responder, pero Victoria se levantó antes de que pudiera sugerirle descansar nuevamente. Ella comprendía su miedo porque también temía lo que pudieran revelar los siguientes estudios, aunque comenzaba a cansarse de demostrar que seguía siendo capaz de decidir sobre su cuerpo.
Camille, Regina e Isabel las acompañaron a la prueba. Adrián también insistió en acudir y se instaló cerca del salón, asegurando que permanecería fuera hasta que Victoria solicitara su opinión, aunque pidió a la encargada que le avisara si su prometida mostraba señales de cansancio.
El primer vestido hizo que Camille negara con evidente decepción.
—No parece para ti.
—¿Qué debería parecer para mí?
—Algo que te haga sonreír antes de mirarte al espejo.
Victoria consideró la respuesta y pidió ver otra opción. Regina escuchó sus preferencias sin imponer las tradiciones de los Montenegro, mientras Isabel estuvo a punto de mencionar que Fernanda habría escogido un modelo diferente, pero recordó la condición que Victoria le había puesto.
—El siguiente podría gustarte más —dijo en su lugar.
Victoria reconoció el esfuerzo y le agradeció sin exagerar el valor de un cambio que todavía debía sostenerse con el tiempo. Isabel no podía reparar años de comparaciones mediante una tarde de silencio, pero al menos comenzaba a comprender que acompañar a una hija no significaba llevar consigo la ausencia de la otra.
Después de probarse varios modelos, Victoria encontró uno que la hizo guardar silencio. Camille se acercó y tomó su mano, observando el reflejo de ambas.
—Ese sí parece para ti.
—¿Porque estoy sonriendo?
—Porque pareces feliz incluso antes de mirarte.
Adrián entró cuando lo llamaron y se detuvo al verla. Durante unos instantes, el miedo cedió espacio al hombre enamorado que imaginaba esperándola frente al altar, rodeado por los niños y las personas que aprendieron a respetar su relación.
—No deberías verla con el vestido antes de la boda —protestó Isabel.
—Ya nos casamos una vez y no nos sirvió de nada respetar esa regla —respondió Victoria.
Adrián se acercó, tomó su mano y besó sus dedos.
—Estás hermosa.
—Eso dices incluso cuando despierto enferma.
—Porque también lo estás entonces.
Victoria sonrió, pero cuando solicitó probar otro vestido, él intervino.
—Ya llevas demasiado tiempo de pie.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....