Los dedos de Laura presionaron el dispositivo de emergencia con discreción y enseguida se apartaron, procurando conservar una postura natural para que Daniel no advirtiera lo que acababa de hacer. La señal no emitió ningún sonido dentro del departamento, algo que ella agradeció porque necesitaba ganar el tiempo suficiente para que alguien en seguridad entendiera que la situación había dejado de ser una visita entre conocidos.
Fuera del edificio, uno de los hombres recibió la alerta y avisó al investigador que se encontraba junto a Adrián.
—Acaba de activarse una señal de emergencia desde el departamento.
Adrián volvió la atención hacia la puerta.
—¿Están seguros de que viene de ahí?
—Sí, y eso cambia la situación. Alguien adentro está pidiendo ayuda.
El investigador comunicó la información al resto del equipo y ordenó mantener cubiertos los accesos mientras terminaban de coordinar la entrada. Adrián habría preferido derribar la puerta en ese instante, pero sabía que adelantarse podía terminar poniendo a Victoria frente a un peligro que todavía no comprendían.
Dentro, Daniel continuaba pendiente de ella.
—Puedes decir todo lo que quieras sobre libertad, aunque no cambia que Adrián haya organizado vigilancia alrededor de las personas que te rodean.
Victoria no apartó la mirada.
—Y discutí con él precisamente por eso, porque aprender a amar de otra manera no significa dejar de equivocarse, sino aceptar cuando alguien te señala que cruzaste un límite.
—Siempre tienes una forma de justificarlo.
—No lo justifico, Daniel. Esa es la diferencia que sigues negándote a entender.
Camila se acercó ligeramente hacia Laura, aprovechando que la conversación mantenía ocupada la atención de Daniel.
—Cuando salgamos de aquí voy a querer respuestas —murmuró.
Laura asintió sin mirarla.
—Las vas a tener todas.
Camila esperaba alguna excusa, pero no llegó ninguna.
Daniel alcanzó a escuchar el murmullo y giró apenas hacia ellas.
—¿Qué están diciendo?
—Que necesito agua —respondió Laura, recuperando la misma excusa que había utilizado antes.
Daniel observó el lugar donde se encontraba y después revisó el teléfono. Bastó la manera en que endureció la mandíbula para que Laura supiera que algo afuera había llamado su atención.
—¿Qué hiciste?
—Nada.
—Laura, no me obligues a preguntarlo otra vez.
Ella tragó saliva, consciente de que seguir mintiendo ya no tenía sentido.
—Hice lo que debí hacer hace días.
La serenidad con la que Daniel había controlado la escena empezó a ceder.
—¿Se te olvidaron los mensajes que me enviaste, las veces que me diste información y las conversaciones que pueden demostrar que colaboraste conmigo?
—No se me olvidó nada, por eso me quedé aquí soportando amenazas y respondiendo a mis amigas como si solamente estuviera enferma.
Laura apretó las manos para contener el temblor antes de continuar.
—Tenía miedo de que mostraras todo de la manera que más te convenía, de perder mi trabajo, de que Victoria pensara que me acerqué a ella únicamente para ayudarte y de terminar involucrando también a Camila, pero ya no puedes usar eso para mantenerme callada si pienso contarlo yo misma.
Daniel soltó una risa cargada de desprecio.
—¿Crees que una confesión cambia lo que hiciste?
—No, y tampoco espero que lo cambie.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....