Florencia ya había bloqueado a Salvador hace tiempo.
Ni hablar de tener su contacto; en realidad, fue ayer cuando él, aprovechando que ella se estaba bañando, se agregó de nuevo por su cuenta.
Florencia puso su celular en silencio y lo guardó en su bolso.
La música pronto comenzó.
Mientras escuchaba las notas suaves del piano, Florencia se dio cuenta de que ya ni recordaba hace cuánto no asistía a un evento así.
Había pasado tanto tiempo que sentía como si todo fuera un sueño lejano.
Cuando terminó el recital, Jimena todavía no se daba por satisfecha.
—No cabe duda, señorita Guzmán es un verdadero genio del piano, de esos que aparecen cada tanto. Yo toco desde niña, pero a su lado, la neta, me falta muchísimo.
Gilda no pasaba de los treinta años y, con todo lo que había logrado, claramente estaba en la cima de su campo.
Florencia bajó la mirada. Si aquella tragedia no hubiera golpeado a la familia Castillo, si ella no hubiera abandonado el piano, ¿sería ahora igual de brillante en lo que amaba?
¿Sería como Gilda?
Jimena seguía y seguía, hablando sola, y de repente volteó hacia Florencia.
—Oye, Flor, me contó Ana que tú también tocabas el piano desde chica. ¿Por qué nunca te vi en algún concurso?
—Ah, y fíjate que pronto habrá un concurso de piano aquí en Solara. Lo organiza el heredero de Grupo Guzmán, que acaba de regresar al país. Dicen que el primer lugar se lleva cinco millones de pesos y entrada directa a la compañía de entretenimiento del grupo.
—Pero eso ni es lo principal. Lo más chido es que Gilda es de la familia Guzmán y puede que sea jurado. Aunque no ganes, imagina que te pueda dar unos consejos. ¿Qué dices? ¿Quieres que te mande la inscripción? Nos apuntamos juntas, ¿va?
Jimena era fan de Gilda a morir. Desde que la mencionó, los ojos le brillaban como nunca.
—¿Yo? —Florencia dudó.
Hacía años que no tocaba el piano.
—¡Claro! ¡Vamos juntas! Olvídate de ganar, es para vivir la experiencia. Capaz y hasta tenemos suerte y conocemos a Gilda —insistió Jimena, soltando una risa animada.
La idea tentaba a Florencia.
No era por conocer a Gilda. Lo que la movía era que necesitaba trabajo.
Las entrevistas anteriores no habían llegado a nada. El mundo de las finanzas era chiquito y Martina, pegada a Salvador, le había hecho la vida imposible. Si quería encontrar una oportunidad, tenía que buscar por otro lado.
Era hora de intentar un camino diferente.
Ya fuera por el puesto en Entretenimiento Guzmán o por esos cinco millones de pesos, Florencia sentía que no podía dejarlo pasar.
Le pidió la inscripción a Jimena.
...
Al salir del auditorio, se dieron cuenta de que afuera llovía a cántaros.
Cuando llegaron, el sol estaba a todo lo que daba, pero ahora la tormenta se había desatado sin aviso.
Las gotas, gruesas y pesadas, caían como si alguien vaciara un bote enorme.
Había tanta gente esperando bajo el techo que ni los taxis se veían; además, justo era la hora del almuerzo y ni de chiste lograban parar uno.
Florencia pensó un momento y decidió llamar a Salvador.
El timbre sonó y sonó hasta que se cortó solo.
Nadie contestó.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano