Nelson bajó la voz y dijo:
—Está bien, le pediré a mi asistente que se encargue. No te preocupes por eso.
Romina le dedicó una leve sonrisa, apenas curvando los labios.
—Gracias, Nelson.
Sara, en cambio, frunció el ceño y bajó la mirada, con un dejo de pesar en el gesto.
En la competencia Sinfonía del Mar, la ronda final siempre daba gran peso a la creatividad de los participantes. Por eso, el sistema de puntuación de la final era diferente al de las etapas anteriores. En la final, la independencia creativa contaba un cinco por ciento. Y aunque esa cifra parecía pequeña, podía definir por completo el resultado y el lugar en la clasificación.
Por eso, todos los demás concursantes eligieron piezas compuestas por ellos mismos.
Excepto Gisela, que escogió una pieza que no era de su autoría.
Era una pieza compuesta por Romina.
Eso significaba que Gisela ya había perdido ese cinco por ciento de la puntuación. Salvo que su interpretación fuera tan increíble que dejara a todos boquiabiertos, sería muy difícil que compitiera en igualdad de condiciones con los demás.
Pensando en la relación tan tensa entre Gisela y Romina, a Sara le dolió la cabeza de solo imaginar el ambiente.
Además, la mayoría del público presente era fan de Romina. Sara solo esperaba que no se enojaran demasiado y que no alteraran el orden del evento.
Apenas terminaba ese pensamiento cuando escuchó un murmullo creciente detrás de ella, en las gradas.
—¡Gisela, bájate del escenario!
—¡Gisela, renuncia! ¡Gisela, renuncia! ¡Gisela, renuncia!
A Sara se le hizo un nudo en el estómago. Se volteó para mirar directamente a quienes estaban armando escándalo.
Por suerte, después de la experiencia con Elías, el equipo de seguridad ya estaba alerta. Se movieron rápido, posicionándose como guardianes a un costado de la tribuna, con el rostro serio y la mirada fija sobre los alborotadores.
—Mantengan la calma. Si vuelven a alterar el ambiente, los vamos a sacar del recinto.
Los revoltosos palidecieron, guardaron silencio a regañadientes, cruzaron los brazos y le lanzaron varias miradas de desdén a los guardias.
Gracias a la rápida respuesta del equipo de seguridad, el incidente no afectó a Gisela.
Ella seguía completamente absorta en la música, sus dedos danzaban sobre las teclas del piano.


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