A estas alturas, Romina ya no tenía ninguna duda.
Esa copa, aparte de ella y el barman, solo había sido tocada por Gisela.
Solo podía ser que Gisela misma hubiera puesto la droga en su bebida.
De repente, Romina se irguió, la miró desde arriba con una mezcla de lástima y desprecio.
—Gisela, te drogaste tú sola y casi terminas siendo abusada por un hombre. Eso ya no es “hacerle daño al enemigo y salir perdiendo”, eso es más bien “hacerle un rasguño al enemigo y acabar tú hecha polvo”.
—Tú misma sabes que Nelson sospechó que yo te había drogado, pero no quiso investigar más porque me quiere, porque para él yo sí importo. Por eso no fue más allá —Romina soltó una sonrisa cargada de burla—. Gisela, por más que lo intentes, nunca vas a estar a mi nivel.
Gisela la sostuvo la mirada, sus ojos irradiaban una nitidez brutal.
—En vez de andar preocupada por mí, más te valdría empezar a preocuparte por ti misma.
Los ojos de Romina se volvieron más oscuros de repente.
—¿A qué te refieres? ¿Qué más hiciste?
Gisela sonrió leve.
—El futuro es largo, Romina. Mejor quédate atenta y lo irás viendo.
Al salir, Romina murmuró por lo bajo:
—Toda una actriz...
La puerta del cuarto se cerró de golpe, haciendo retumbar la habitación.
...
Apenas pasaron unos segundos cuando Xavier entró, cruzó la estancia y examinó a Gisela de arriba abajo, con las cejas fruncidas por la preocupación.
—¿No te hicieron nada, verdad?
Gisela jugó distraída con el catéter del suero en su mano, y contestó con serenidad:
—¿Qué podría pasarme? Tranquilo, no es nada.
Xavier insistió:
—¿De qué platicaron hace rato? Romina se fue con una cara que ni ganas daban de acercarse.
Por supuesto, Gisela no iba a contarle la verdad.
—Solo me hizo algunas preguntas. Nada importante. Romina nunca es amable conmigo, así que todo bien.
Para evitar que Xavier siguiera indagando, Gisela fingió cansancio y sacudió la cabeza.
—Ay, ya, qué sueño tengo. Mejor me duermo un rato.



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