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Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 22

Tener una lista de aliados era el primer paso.

El segundo era identificar a los enemigos que ahora ocupaban sus puestos. Necesitaba los nombres de los traidores, y sabía exactamente quién era el eslabón más débil para conseguirlos.

Como si lo hubiera invocado con el pensamiento, Julián llegó al día siguiente con su habitual aire de superioridad mal disimulada y un periódico deportivo bajo el brazo.

Thaís lo recibió con una sonrisa frágil, la que ya tenía perfeccionada.

—Hola, Julián. Qué bueno verte.

—Hola, hermanita. ¿Cómo te sientes hoy? ¿Menos confundida?

—Un poco —dijo ella, tocándose la sien con un gesto ensayado—. Tuve otro de esos sueños extraños. Como flashes.

La curiosidad se encendió en los ojos de Julián. Para él, la amnesia de su hermana era un entretenimiento.

—¿Ah, sí? ¿Sobre qué?

—Recordé a un hombre mayor, con gafas. Muy amable. Creo que se llamaba… ¿Fernando? ¿Benítez? Siempre me traía café por las mañanas y me preguntaba cómo había dormido.

Seleccionó el nombre de la lista de Virginia con cuidado, como un cirujano eligiendo un bisturí.

El rostro de Julián se ensombreció ligeramente.

—Ah, sí. Benítez. El viejo director financiero.

—¿Sigue en la empresa? —preguntó ella, con una inocencia perfectamente calibrada—. Me gustaría darle las gracias por el café. Era un hombre encantador.

Julián soltó una risita condescendiente, llena de desprecio.

—No, Thaís. Benítez ya no está. Liam tuvo que dejarlo ir. Ya era hora.

—¿Oh, no! ¿Por qué? Parecía muy competente.

—Era de la vieja escuela. No entendía la nueva dirección de la empresa. Se resistía a los cambios que Liam quería implementar para mejorar la rentabilidad. Un dinosaurio. Se oponía a todo.

—Bah. El talento no paga las facturas. Liam ascendió a su asistente. Una chica joven, ambiciosa… ¿Cómo se llama? Ah, sí. Valeria Luna. Es mucho más… cooperativa. Y está muy agradecida a Liam, claro. Hará lo que él le diga sin hacer preguntas.

Valeria Luna. Segundo nombre para la lista de enemigos.

Thaís siguió preguntando, con la misma curiosidad infantil, por viejos jefes de taller, por gerentes de logística, por gente que recordaba con un cariño fingido.

Y Julián, en su afán por demostrar lo inteligente y moderno que era el nuevo régimen de Liam, le fue entregando, uno por uno, los nombres de los traidores.

Los oportunistas. Los aduladores. Los que habían vendido su lealtad por un ascenso y un puñado de billetes.

Cuando se fue, satisfecho de haber "educado" a su pobre hermana ignorante, Thaís tenía dos listas claras en su mente.

La de Virginia, con sus aliados.

Y la de Julián, con sus enemigos.

El tablero de ajedrez estaba claro por primera vez. Sabía dónde estaba cada pieza.

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