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Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 24

Esa pequeña victoria, el rostro furioso pero impotente de Camelia, le dio a Thaís una inyección de confianza.

Por primera vez en semanas, sintió que tenía algo de control. La sensación era embriagadora.

Quizás por eso la noticia que llegó a la mañana siguiente la golpeó con la fuerza de un huracán inesperado.

El doctor Méndez entró en la habitación con su habitual sonrisa profesional y una carpeta en la mano.

Liam, Camelia y Julián estaban presentes. Habían venido a traerle el desayuno a Thaís, una escena de familia feliz que era pura fachada para las enfermeras.

—Buenos días a todos. Tengo buenas noticias —anunció el doctor, con aire jovial.

Todos se giraron para mirarlo, la conversación intrascendente muriendo en sus labios.

—Las últimas pruebas de la señorita Monteverde han sido excelentes. Su recuperación física es notable y, aunque la amnesia persiste, su estado general es estable y fuerte.

Hizo una pausa dramática antes de soltar la bomba, disfrutando del suspense.

—Creo que está lista para recibir el alta. Mañana por la mañana, si todo sigue igual, puede irse a casa.

El silencio que siguió fue denso, cargado de emociones no expresadas.

Thaís mantuvo su expresión neutra, de agradable sorpresa. Pero por dentro, observaba. Analizaba cada microexpresión, cada movimiento.

Liam fue el primero en reaccionar. Su rostro se iluminó con una sonrisa radiante, la del esposo devoto que por fin recupera a su mujer. Una actuación digna de un premio.

—¡Doctor, esa es la mejor noticia que he recibido en meses! —exclamó, corriendo al lado de Thaís para tomarle la mano con fuerza—. ¿Has oído, mi amor? ¡Volvemos a casa!

Su actuación fue impecable. Pura alegría. Pura devoción.

Pero Thaís vio la verdad en sus ojos. Un destello fugaz, casi imperceptible, de pánico. El brillo de un hombre cuyos planes se acaban de complicar.

Camelia se acercó también, su rostro una máscara de felicidad forzada.

Pero ella podía sentir la tensión que emanaba de ellos, una corriente subterránea de ansiedad.

El hospital había sido su territorio controlado. Un lugar donde podían vigilarla, aislarla, manejar la narrativa.

El alta significaba que la reina volvía a su castillo.

Incluso una reina herida y amnésica seguía siendo una reina. Su presencia en la casa, en la vida cotidiana, lo complicaba todo para ellos.

Sus planes. Su relación adúltera. Su control sobre la empresa.

Thaís apretó la mano de Liam.

—Estoy tan feliz —susurró, poniendo un toque de emoción en su voz—. Quiero irme a casa.

Y mientras lo decía, disfrutó del miedo apenas disimulado en los ojos de sus tres traidores.

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