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Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 27

La primera cena en casa fue una obra de teatro del absurdo.

Liam se sentó a la cabecera de la larga mesa de caoba, presidiendo la escena como un rey.

Camelia, a su derecha, en el lugar que siempre había pertenecido a Thaís.

Y Thaís, a su izquierda, la invitada de honor en su propio infierno.

—Elena ha preparado tus platos favoritos, mi amor —dijo Liam, sonriendo—. Lasaña de verduras y ensalada caprese. ¿Lo recuerdas?

Thaís miró la comida en su plato.

—No… no mucho. Pero huele delicioso.

Comió despacio, cada bocado un esfuerzo. La tensión en la mesa era tan densa que se podría haber cortado con un cuchillo.

Camelia, por supuesto, no podía quedarse callada.

—He estado tan ocupada, Thaís. Asumiendo algunas de tus responsabilidades en la empresa mientras te recuperabas. Es agotador, pero alguien tenía que hacerlo.

Sacó una carpeta y la abrió sobre la mesa, junto a su plato.

—De hecho, estaba trabajando en unos bocetos para la nueva colección de primavera. ¿Quieres echar un vistazo? Quizás te ayude a recordar algo.

Extendió varias hojas de papel de alta calidad sobre la mesa. Eran diseños de bolsos y zapatos.

Thaís los reconoció al instante.

No eran de Camelia. Eran suyos.

Adaptaciones de ideas que ella había garabateado en uno de sus cuadernos personales, uno que guardaba en su estudio.

La rabia, fría y afilada, le subió por la espalda.

—Son… son muy bonitos, Camelia —dijo, su voz suave—. Tienes mucho talento.

Liam miró los bocetos con aprobación.

—Son fantásticos, Camelia. Tienes una visión increíble. Justo lo que la marca necesita para refrescarse.

Camelia se deleitó con el halago, su sonrisa triunfante.

—Gracias, Liam. Solo intento seguir el increíble legado de Thaís.

El legado de Thaís. Mientras lo robaba descaradamente delante de sus narices.

Fue en ese momento cuando Thaís vio su oportunidad.

Thaís se llevó una mano a la boca, sus ojos abiertos de par en par, una actriz consumada.

—¡Oh, Dios mío! ¡Camelia, lo siento tanto! Mi mano… simplemente se resbaló. No la controlo bien todavía. ¡Qué torpe soy!

Las lágrimas de frustración brotaron en los ojos de Camelia. Estaba furiosa, pero ¿qué podía decir?

No podía acusar a la pobre mujer amnésica que apenas podía sostener una taza.

—No pasa nada —dijo entre dientes, su voz temblando de ira contenida—. No es tu culpa.

Recogió los papeles arruinados con manos temblorosas.

—Si me disculpan, he perdido el apetito.

Salió furiosa del comedor.

Liam miró a Thaís, su expresión indescifrable.

—No te preocupes, mi amor —dijo él—. Fue un accidente.

Pero Thaís vio una chispa de sospecha en el fondo de sus ojos.

Una chispa que ella apagó con una mirada de pura y desolada confusión.

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