La pérdida del acuerdo con el proveedor de seda de Lyon sumió a Liam en un estado de furia fría durante los dos días siguientes.
Necesitaba recuperar el control. Necesitaba una victoria para reafirmar su autoridad y, sobre todo, para calmar a los inversores que aún dudaban.
Su solución fue tan arrogante como predecible: organizar una junta directiva informal en la mansión.
Quería presentarles el próximo gran lanzamiento de Camelia, una nueva línea de bolsos de lujo, para demostrar que el futuro creativo de la empresa estaba en manos seguras y brillantes.
La mañana de la reunión, la casa bullía de actividad. El personal de servicio pulía la plata y preparaba canapés.
Los miembros de la junta, cuatro hombres y dos mujeres de mediana edad, con rostros serios y trajes caros, comenzaron a llegar.
Thaís reconoció a algunos de ellos. Eran leales a su padre, hombres y mujeres que la habían visto crecer. Ahora, sus rostros mostraban una mezcla de incomodidad y resignación.
Liam y Camelia los recibieron en la sala de juntas, una habitación con paneles de madera oscura y una larga mesa de conferencias que daba al jardín.
Camelia, instruida por Liam, vestía un traje sastre de color crema, un intento de parecer profesional y sobria. Pero la ansiedad en sus ojos la delataba.
Thaís observaba desde la distancia, sentada en el salón contiguo, fingiendo leer.
Liam se acercó a ella.
—Mi amor, vamos a tener una pequeña reunión de trabajo aquí. Durará un par de horas. Quizás prefieras subir a descansar para no aburrirte.
Thaís levantó la vista de su libro, sus ojos suplicantes.
—Oh. Una reunión de la empresa. ¿Puedo… puedo quedarme?
Liam frunció el ceño.
—No creo que sea buena idea, Thaís. Hablaremos de cosas muy técnicas.
Liam dio comienzo a la reunión con una confianza forzada, hablando de proyecciones y estrategias de mercado.
Luego, le cedió la palabra a Camelia.
—Y ahora, Camelia Rodríguez, nuestra nueva directora creativa, les presentará el proyecto que revolucionará la próxima temporada.
Camelia se puso de pie, con las manos temblorosas, y encendió el proyector.
En la pantalla apareció la imagen de un bolso de diseño elegante. Un diseño que Thaís conocía muy bien.
Era el primer bolso que había diseñado cinco años atrás.
Camelia se aclaró la garganta y comenzó a hablar.
Y Thaís esperó, paciente, el momento exacto para atacar.

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