El falso ataque de pánico de Thaís tuvo el efecto deseado.
El médico vino, le administró un sedante suave y ordenó reposo absoluto. Liam, sintiéndose culpable y confundido, la trató con una delicadeza renovada, sus sospechas enterradas bajo una capa de condescendencia protectora.
Pero si Liam había dado un paso atrás, Camelia estaba a punto de explotar.
Esa noche, Thaís, fingiendo un sueño profundo inducido por el sedante, dejó la puerta de su dormitorio entreabierta. Sabía que la confrontación entre Liam y Camelia era inminente, y no quería perdérsela.
Sus aposentos estaban al final del pasillo. Desde su cama, podía oír el murmullo de sus voces. Con cuidado, se deslizó fuera de la cama y se acercó a la puerta, pegando la oreja a la madera fría.
La voz de Camelia era un siseo furioso.
—¡No me puedes decir que fue una coincidencia, Liam! ¡Es imposible!
—Baja la voz, Camelia. Vas a despertarla —replicó él, su voz cansada y tensa.
—¡Me da igual si se despierta! ¡Esa mujer me está saboteando! ¡Lo sé!
—¿Saboteando? ¿Has perdido la cabeza? ¿La viste esta tarde? Tuvo un ataque de pánico que casi la mata. Apenas puede recordar su propio nombre.
—¡Es una actriz! ¡Mejor que yo! El café en mis bocetos, el archivo borrado, el postre salado… ¿Y ahora esto? ¿Justo recuerda el único proveedor que podía arruinar mi presentación? ¡Vamos, Liam! ¡No seas ingenuo!
Hubo un silencio. Thaís contuvo la respiración.
—Quizás la ingenua eres tú —dijo Liam finalmente, y su voz tenía un filo de acero—. Quizás simplemente no eres tan buena como crees.
La bofetada no pudo haber sonado más fuerte si hubiera sido física.
Thaís escuchó el sonido de una puerta abriéndose y cerrándose de un portazo. Probablemente el vestidor. Luego, el silencio.
Se deslizó de vuelta a su cama, una sonrisa helada en sus labios.
Había funcionado mejor de lo que esperaba.
La presión y la incompetencia de Camelia, combinadas con los sabotajes de Thaís, habían creado la tormenta perfecta.
Liam, consumido por el estrés y la paranoia, ya no veía a Camelia como una aliada, sino como una carga.
La primera grieta en su alianza se había abierto.
Y Thaís planeaba ensancharla hasta convertirla en un abismo insalvable.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo