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Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 43

De vuelta en su celda sin ventanas, Thaís dejó a un lado la pila de facturas inútiles.

El encuentro con Ana le había recordado la urgencia de su misión. No solo se trataba de su propia venganza; se trataba de la gente leal a la que Liam y Camelia habían aplastado.

Encendió el viejo ordenador. Era lento, pero tenía acceso a la intranet de la empresa. Un descuido de Liam. Probablemente pensó que ella apenas sabría cómo usarlo.

Abrió el organigrama de la compañía.

Era como mirar el mapa de un país después de una purga. Tantos nombres nuevos. Tantos vacíos donde antes había gente de confianza.

Ignoró el departamento de diseño, el territorio de Camelia, por ahora. Y también el financiero, el feudo de Ricardo Salas, el “tiburón” de Liam. Eran objetivos demasiado obvios, demasiado protegidos.

Necesitaba encontrar el punto más débil. El lugar donde un pequeño corte pudiera provocar una hemorragia.

Sus ojos se posaron en el Departamento de Logística.

El corazón de una empresa de lujo no es solo el diseño, es la ejecución impecable. Un bolso que llega un día tarde, una tela que se almacena incorrectamente, una caja que llega dañada… son errores que pueden destruir la reputación de una marca.

El antiguo jefe de logística, un hombre meticuloso y brillante llamado Héctor Villa, estaba en la lista de despedidos de Virginia.

Y su reemplazo era…

Marcos Peña.

Thaís frunció el ceño. El nombre no le sonaba de nada.

Hizo clic en su perfil.

La foto mostraba a un hombre joven, de unos treinta años, con una sonrisa arrogante y demasiado gel en el pelo.

Su historial laboral era desconcertante.

Había notas internas de los jefes de taller quejándose de la escasez de materias primas.

Marcos Peña era un incompetente. Un idiota arrogante puesto en un cargo que le venía grande.

Y era el peón perfecto.

Era el eslabón más débil de la cadena de Liam.

Thaís se recostó en su silla barata, una sonrisa gélida dibujándose en su rostro.

Miró la foto de Marcos Peña en la pantalla.

Ya no veía a un hombre.

Veía a su próxima víctima.

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