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Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 53

Con la certeza de la victoria en sus manos, a Thaís solo le quedaba una cosa por hacer: asegurarse de que el mundo entero estuviera mirando cuando la trampa se cerrara.

Ana le había conseguido la lista de invitados para el desfile. En ella, un nombre destacaba sobre los demás: Valentina Ferrer, autora del influyente y a menudo mordaz blog de moda “Moda Mortal”.

Valentina no era solo una crítica; era una creadora de opinión. Sus crónicas podían encumbrar a un diseñador o hundirlo en el oprobio con una sola frase ingeniosa.

Era el altavoz perfecto.

Thaís organizó un encuentro “casual”. Sabía, gracias a su red de informantes, que Valentina solía desayunar en una pequeña cafetería de estilo europeo cerca de las oficinas de su blog.

A la mañana siguiente, Thaís estaba sentada en una mesa junto a la ventana de esa misma cafetería, con un libro que no leía y una taza de té que no bebía.

Valentina entró diez minutos después, exactamente como estaba previsto.

Thaís esperó a que pidiera su café y su croissant. Luego, se levantó como para irse y, al pasar junto a la mesa de la bloguera, fingió tropezar.

Su bolso cayó al suelo, esparciendo su contenido. Un pintalabios, las llaves, un pañuelo…

—¡Oh, Dios mío, lo siento tanto! —exclamó Thaís, su voz llena de una angustia exagerada—. ¡Qué torpe soy!

Valentina, sorprendida, se agachó para ayudarla.

—No se preocupe, no ha pasado nada.

Al levantar la vista, reconoció a Thaís al instante. La curiosidad se encendió en sus ojos afilados.

—Usted es… Thaís Monteverde.

—Sí —dijo Thaís, recogiendo sus cosas con manos temblorosas—. Bueno, eso dicen. A veces no estoy segura.

Se sentaron juntas. Thaís, con un poco de persuasión fingida, aceptó la oferta de Valentina de tomar otro té.

—He leído sobre su accidente —dijo Valentina, su tono era una mezcla de compasión y olfato periodístico—. Debe de ser terrible.

—Lo es —confirmó Thaís—. Es como vivir en una niebla. Pero a veces… a veces hay destellos.

Thaís se llevó una mano a la cabeza, como si le doliera.

—No lo sé. Ahí es donde se vuelve borroso. Solo sé que cuando veo ese bolso, mi corazón se acelera. Es una pieza que generará una reacción muy, muy fuerte.

Se levantó, su actuación llegando a su fin.

—Tengo que irme. Liam se preocupará. Ha sido un placer conocerla, señorita Ferrer.

—Por favor, llámeme Valentina.

—Valentina —repitió Thaís, con una sonrisa enigmática—. Esté muy atenta durante el desfile. Especialmente al final. Creo que vamos a presenciar algo inolvidable.

Se fue, dejando a la bloguera más influyente de la ciudad con la certeza de que el desfile de Monteverde Lux no sería un evento más.

Sería la noticia del año.

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