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Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 58

Mientras Camelia se regodeaba con los últimos flashes de las cámaras, Thaís se movió.

Se deslizó entre el caos con una determinación silenciosa, su objetivo era Miguel, el jefe de producción.

Lo interceptó cerca de la cortina que daba acceso a la pasarela.

—¿Miguel? —dijo, su voz era un susurro frágil, casi inaudible en medio del estruendo.

Él se giró. Al verla, su rostro normalmente estresado se suavizó con una genuina preocupación.

—Señora Moreno. ¿Necesita algo? ¿Está bien? No debería estar aquí, es una locura.

—Lo sé, lo siento —dijo ella, llevándose una mano a la sien, su gesto de confusión ya perfeccionado—. Es que… acabo de… ver algo.

Se acercó más a él, obligándolo a inclinar la cabeza para escucharla.

—Los bolsos. En la mesa. Con la luz…

—¿Sí? ¿Qué pasa con ellos? —preguntó él, mirando nerviosamente su reloj. Faltaban tres minutos.

—Tuve un recuerdo. Un flash. De cuando estaba diseñando esa asa.

Sus ojos se llenaron de una falsa urgencia, como si acabara de despertar de un sueño.

—Falta algo. Un detalle.

Sacó de su pequeño bolso el prototipo del pin que había fabricado. La pequeña hoja de laurel de metal brilló en la palma de su mano.

—Falta esto —dijo—. Justo aquí, en la base del asa. Para… para que no se mueva. Para que quede más… firme.

Miguel cogió el pequeño pin. Lo examinó. Como jefe de producción, entendió al instante no solo la belleza del detalle, sino su función estructural.

Miró de Thaís al pin, y luego a la mesa donde descansaban los bolsos.

—Es una modificación de último minuto, señora. No tenemos tiempo. El desfile empieza ya.

—Listo —dijo Miguel, devolviéndole el bolso al asistente—. Llévalo de vuelta a la mesa. Que nadie lo toque.

La música comenzó a sonar. Las luces del backstage bajaron.

El desfile iba a comenzar.

Miguel se volvió hacia Thaís.

—Espero que su instinto esté en lo cierto, señora.

Thaís lo miró, sus ojos ya no mostraban pánico, sino una calma glacial.

—Mi instinto nunca me ha fallado, Miguel.

Se dio la vuelta y se retiró a su rincón en las sombras, justo a tiempo para ver a la primera modelo salir a la pasarela.

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