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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1625

Micaela se quedó en silencio por unos segundos. La colección de la señora había sido el esfuerzo de toda su vida, cada pieza tenía nivel de museo.

Lo pensó por un momento y contestó:

—Entonces, las conservaré por ahora. Se las dejaré a Pilar para que ella se encargue en el futuro.

Gaspar la miró y sonrió.

—En ese caso, mandaré a construir una galería privada para ustedes, con especialistas que se encarguen de mantener todo en perfectas condiciones.

Micaela se sorprendió un poco y lo miró a los ojos.

—¿Una galería privada?

Gaspar asintió.

—Muchas de las piezas de mi abuela son antigüedades de primer nivel; un cuarto normal no cumple con las condiciones para preservarlas. Una galería es muy necesaria. Así, en un futuro, podrás guardar ahí cualquier otra cosa que te guste.

Micaela no sabía nada de esas cosas, así que simplemente asintió.

—Dejaré que tú te encargues de eso.

En ese momento, Pilar entró corriendo con un jarrón lleno de las flores ya arregladas. Se acercó a Micaela dando brinquitos.

—Mira, mami. Estas flores son para ti.

Detrás de ella venía Damaris Quintana, quien la saludó con amabilidad.

—Micaela, qué bueno que llegaron. ¡Quédense a cenar esta noche!

Micaela tomó las flores de su hija y asintió a Damaris.

—Gracias.

—Más tarde también llegará Adriana.

Cenaron con la familia Ruiz. Terminando, Pilar no quería irse a casa, y Adriana Ruiz hizo todo lo posible por convencer a su sobrina de quedarse a dormir ahí, con la clara intención de darles a Gaspar y a Micaela algo de tiempo a solas.

Adriana ya había notado que la relación entre Micaela y su hermano se estaba calentando; de seguro no faltaba mucho para volver a decirle "cuñada".

Al ver que la niña quería quedarse, Micaela no pudo negarse. Gaspar tenía una videollamada de trabajo a las ocho y media, por lo que le pidió a Enzo que llevara a Micaela a su casa primero.

En el trayecto, Micaela recibió un mensaje de Sofía pidiendo la noche libre.

Pero el hombre era terco. No solo no la soltó, sino que sus manos grandes comenzaron a acariciar su cintura de forma sugestiva, con una intención de posesión bastante obvia.

Micaela lo fulminó con la mirada y articuló en silencio: «Basta».

Gaspar levantó las cejas con cara de inocente y le respondió también sin sonido: «No estoy haciendo nada».

Y al segundo siguiente, le plantó un beso en el cuello.

Micaela volvió a fulminarlo, exigiéndole que se controlara.

Gaspar finalmente la soltó, no sin antes aprovechar el momento para hablar en voz alta.

—Me voy a ir a nuestro cuarto a bañar.

El tono no fue ni un grito ni un susurro, simplemente lo suficiente para que el micrófono de los audífonos lo captara.

Al otro lado de la línea hubo un silencio que duró varios segundos antes de que Ramiro preguntara, algo incómodo:

—¿Los estoy interrumpiendo?

Micaela suspiró para sus adentros; sabía perfectamente que Gaspar lo había hecho a propósito.

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