Micaela asintió:
—Está bien, vamos a esperarlo.
Dos minutos después, se escucharon pasos al final del pasillo. Luego, Gaspar, vestido con un elegante traje oscuro, apareció seguido por Enzo y dos accionistas mayores. Su mirada se fijó de inmediato en Micaela, y un destello de sorpresa y alegría iluminó sus ojos.
—¿Por qué no me avisaste que venías? —preguntó, con un tono que mezclaba un ligero reproche con ternura.
Micaela tuvo que explicarse:
—Recibí una llamada de Franco en el camino, así que me vine directo para acá.
Franco llevaba un buen rato sin ver a Gaspar. Al notar cómo miraba a Micaela, no pudo evitar alegrarse en secreto. Al parecer, la relación entre Micaela y el señor Ruiz había avanzado bastante.
Gaspar volteó a ver a Franco.
Franco se apresuró a explicar:
—Señor Ruiz, lo que pasa es que hoy tenemos una propuesta que requiere la presencia de la señorita Micaela.
Gaspar asintió y volvió a fijar la vista en Micaela, con una mirada cálida y protectora.
—No te preocupes, la propuesta de Franco se aprobará sin problemas.
—Gracias —respondió Micaela, mostrándose un poco más formal frente a los demás.
Gaspar sonrió:
—¡Vamos! Pasemos.
Al abrir la puerta de la sala de juntas, la imagen de Micaela y Gaspar entrando juntos atrajo las miradas de todos los presentes. Varios accionistas intercambiaron gestos muy sugerentes.
Abelardo, sentado en su lugar, tenía muy mala cara.
Gaspar llevó a Micaela a la silla contigua a la cabecera. Él mismo le acercó el asiento y, solo cuando ella se acomodó, tomó su propio lugar.
Una vez que arrancó la reunión, los puntos de la agenda fueron avanzando uno por uno.
Desde la cabecera de la mesa, Gaspar mantenía una expresión tranquila y, de vez en cuando, se inclinaba para explicarle algo a Micaela.
Micaela escuchaba en silencio. Pronto, llegó el turno de la propuesta de actualización del proyecto de las instalaciones de Micaela.
Tras un breve debate entre los accionistas, Abelardo se aclaró la garganta y dijo:
—Creo que esta propuesta tiene muchos problemas. La inversión es excesiva, el periodo de recuperación es muy largo y el riesgo es demasiado grande para ignorarlo.
Luego, soltó un discurso que sonaba muy bien estructurado, haciéndole señas con los ojos a un par de accionistas de su círculo para intentar ganar su apoyo.
Sin embargo, Gaspar ni siquiera lo volteó a ver; estaba ocupado revisando los documentos de la propuesta.
Cuando Abelardo terminó, se quedó esperando la reacción de Gaspar, solo para darse cuenta de que este estaba inclinado hacia Micaela, susurrándole algo con una sonrisa en los labios.
Una serie de cifras apareció en la pantalla.
La mirada de Gaspar se volvió gélida.
—¿De verdad creías que no estaba enterado de tus jugadas sucias? Operaciones irregulares, desvío de fondos, presupuestos inflados... Tengo bien checado cada movimiento.
Nadie en la sala se atrevía a respirar.
Abelardo empezó a sudar frío. Jamás se imaginó que Gaspar lo atacaría de esa manera.
—Gaspar, esto... yo...
La voz de Gaspar era cortante como un témpano:
—Hace años, conseguiste ese puesto de accionista colgándote de tus conexiones familiares con los Ruiz. Te dejé ese lugar por el respeto a mi madre. Pero ahora... es evidente que no mereces estar sentado en esa silla.
Abelardo sudaba a mares. Quería defenderse, pero no le salía ni una sola palabra.
En ese momento, su mirada se detuvo en Micaela, y de pronto pareció entender algo.
Gaspar se levantó, apoyó las manos en la mesa de juntas y clavó una mirada fulminante en Abelardo.
—Abelardo, te informo oficialmente que voy a presentar una propuesta para la compra obligatoria de tus acciones. Puedes aceptar o ponerte al brinco, pero te aviso de una vez: aquí ya no hay un lugar para ti.
Su última frase no tuvo ni una pizca de compasión, destrozando por completo cualquier rastro de dignidad que le quedara al hombre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorciada: Su Revolución Científica
Hermosa novela, me encanto....