Micaela Arias escondió el rostro en su pecho y preguntó:
—¿Acaso me estás ocultando algo?
Gaspar Ruiz se quedó desconcertado por un segundo, pero pronto entendió por dónde iba la cosa.
—¿Te lo contó Enzo? —preguntó, resignado.
Micaela asintió.
Gaspar le levantó la barbilla con suavidad. En su mirada profunda solo había franqueza y sinceridad.
—Quería esperar a hacerme la cirugía para decírtelo, para que no te preocuparas —dijo con voz grave.
—Te he dicho que no era necesario… —La mirada de Micaela reflejaba incomprensión.
Gaspar sonrió y le dio un beso en la frente.
—Tranquila, apenas voy a ir a checar cómo es el procedimiento. —Inclinó un poco más la cabeza y selló sus labios con los de ella—. No quiero que vuelvas a pasar por el sufrimiento de un embarazo y un parto.
Micaela sintió un vuelco en el corazón.
—Para evitar que eso pase al cien por ciento, la vasectomía es la única opción —Gaspar le acarició la mejilla—. Mica, con Pilar tenemos más que suficiente.
Micaela dejó escapar un leve suspiro.
—Ni yo misma sé si querré tener más hijos en el futuro.
Gaspar se sorprendió un poco, pero no pudo evitar sonreír.
—Si se te antoja, con la tecnología de ahora la cirugía es reversible. Solo no quiero que vuelvas a sufrir… —Se acercó a su oído y le mordisqueó el lóbulo con suavidad— Y también quiero que estés más cómoda…
Micaela sintió que el rostro le ardía al instante y le reclamó con un tono mezcla de vergüenza y coraje:
—¡Qué cosas dices!
El hombre soltó una carcajada baja, haciendo vibrar su pecho, y la abrazó con más fuerza.
—No estoy diciendo mentiras —susurró Gaspar, con una chispa de picardía en los ojos—. Es la verdad. Sin preocupaciones de por medio, podemos disfrutar a gusto.
Micaela se puso roja como un tomate. Levantó la vista para fulminarlo con la mirada, pero se topó con una mirada risueña, llena de ternura y un cariño desbordante que le hizo acelerar el pulso.
—¿Puedes… ponerte serio? —se quejó ella.
Gaspar arqueó una ceja.
—¡Estoy muy serio!
Dicho esto, bajó la cabeza hasta juntar su frente con la de ella, y su mirada se volvió solemne.
—No me detengas, déjame tomar esta decisión, ¿sí?
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorciada: Su Revolución Científica