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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1635

Micaela se quedó sin palabras durante unos segundos.

—Entonces, esa vez ella también…

—Ella me salvó la vida.

Micaela apretó con más fuerza el celular.

—La última vez escuché al director Ismael decir que ella había cometido un error profesional. Así que fue para protegerte…

—Sí. Me enteré mucho después, nadie me lo había dicho antes —la voz de Anselmo sonaba ronca, cargada de una culpa contenida—. Le debo la vida.

—Anselmo, no te preocupes, iré a visitarla —prometió Micaela.

—Gracias. Espero que tengamos la oportunidad de vernos después —agradeció Anselmo con sinceridad.

—No tienes por qué agradecer, es lo menos que puedo hacer.

Anselmo colgó. Micaela se quedó sola en el pasillo, sintiendo una repentina opresión en el pecho.

Aunque la etapa más dura ya había pasado, cada vez que recordaba aquellos días, sentía que el destino los había colocado a todos exactamente donde debían estar.

Poco después, Anselmo le envió la información del hospital.

A Micaela le quedaban dos días de congreso, así que decidió ir al terminar para tener más tiempo de revisar a fondo el plan de tratamiento de Belén.

Lo pensó un poco y se comunicó directamente con el director Ismael. Le pidió una copia del expediente clínico de Belén. Al enterarse de que Micaela estaba en Villa Fantasía, él se mostró encantado de que se involucrara en su recuperación.

El sábado a primera hora, Micaela se dirigió al Hospital Militar.

Encontró el piso doce del área de rehabilitación y buscó la cama 28.

Una enfermera la guio hasta la entrada.

—Belén está en su cuarto.

Micaela asintió. Llevaba un ramo de flores y un arreglo frutal. Tocó suavemente y empujó la puerta.

Belén estaba sentada en su silla de ruedas de cara a la ventana, observando el cielo con la mirada perdida. Al escuchar el ruido, giró la cabeza. Cuando vio a Micaela, sus ojos se iluminaron de inmediato.

—Doctora Micaela, vino.

Micaela imaginó que Anselmo le había avisado. Dejó las cosas sobre una mesita con una sonrisa.

—Aproveché que vine a un congreso en Villa Fantasía para darme una vuelta.

—Anselmo me avisó por teléfono. De verdad, gracias por venir. —Belén la observaba. Llevaba un corte por encima de los hombros muy práctico. Aunque estuviera en silla de ruedas, irradiaba un aura limpia, fuerte y con una postura militar impecable.

Para ser una piloto tan joven, Micaela no podía evitar sentir una profunda admiración por ella.

Micaela se sentó en la silla frente a ella. Ambas cruzaron miradas y, tras un breve silencio, terminaron sonriendo.

La espalda de Belén seguía igual de recta; el porte castrense lo llevaba en la sangre, y su mirada cristalina desbordaba una determinación llena de esperanza.

—¿Te puedo llamar Belén?

La piloto asintió.

—Claro que sí, Doctora Micaela.

—Solo dime Micaela, por favor. Aunque te gano por dos años, prácticamente somos de la misma edad.

Belén sonrió.

—Entonces te diré Micaela.

Micaela asintió con aprobación.

La mirada de Belén se fijó en ella, ocultando una profunda gratitud.

—Micaela, sé muy bien que Anselmo pudo despertar gracias a tu trabajo. Para mí, eres alguien increíble.

Micaela sonrió levemente al recordar aquellas interminables noches de investigación. Por suerte, la vida había recompensado tanto esfuerzo.

Capítulo 1635 1

Capítulo 1635 2

Capítulo 1635 3

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