—Ten.
Micaela lo tomó con una sonrisa y le dio un mordisco; la salsa de caramelo, espesa y calientita, se deshizo en su boca dejándole un sabor dulce.
Después de un par de mordiscos, Micaela le acercó el churro a Gaspar.
—Pruébalo tú también.
Gaspar se inclinó y mordió el churro que ella sostenía. La miró con una sonrisa en los ojos.
—Mmm... está muy dulce.
Justo cuando Micaela iba a darle otro bocado, en medio del bullicio de la plaza, Gaspar se acercó a su oído y le susurró:
—Pero tú eres más dulce.
El comentario la hizo sonrojar. Gaspar soltó una risita ronca a sus espaldas, se acercó rápidamente y volvió a tomarla de la mano.
Después de pasear, Gaspar reservó en un restaurante exclusivo para almorzar.
Al terminar, el chofer los llevó al hotel por el equipaje y luego se dirigieron al aeropuerto.
Llegaron a casa a las cinco de la tarde. Pilar recibió varios regalos encantada, pero el que más llamó su atención fue un intrincado rompecabezas de aros de metal.
Micaela se sentó a hacerle compañía y observó cómo su hija, con las mejillas apoyadas en las manos, exploraba e intentaba resolverlo con profunda concentración. Realmente se veía muy linda.
Pilar no le pidió ayuda a Micaela en ningún momento. Tras un rato de manipularlo, logró soltar una de las piezas, lo que le dio una inmensa alegría y sentido de logro.
—Mami, voy a resolverlo todo yo solita, poco a poco —dijo Pilar. Estaba claro que los juguetes que representaban un reto eran sus favoritos.
Micaela sintió que su hija realmente estaba creciendo, que ya tenía sus propios pensamientos y determinación.
Por la noche, Pilar se llevó su juguete a su cuarto para seguir estudiándolo. Ya se había acostumbrado a dormir sola, y Micaela solo iba de vez en cuando a checar que no se hubiera destapado.
Ella, por su parte, no descansó. Se sentó en el estudio, encendió la computadora e ingresó a la base de datos para comparar la condición actual de Belén. Haría todo lo que estuviera en sus manos para ayudarla a recuperarse.
El tiempo pasó sin que se diera cuenta hasta que dieron las once de la noche. Micaela ni siquiera lo notó, hasta que una figura se asomó a la puerta del estudio para recordárselo.
—Ya es muy tarde, ¿no crees que deberías descansar? —dijo Gaspar recargado en el marco de la puerta. Llevaba puesta una bata de dormir gris oscuro y el cabello un poco húmedo, acababa de salir de bañarse.
Micaela levantó la vista para mirarlo un segundo y luego volvió a concentrarse en la pantalla.
—Ahorita voy, solo termino de cotejar este grupo de datos.
Con un dejo de resignación en la mirada, Gaspar entró y se sentó en el sofá frente a ella. No tenía intención de irse; se quedaría ahí acompañándola.
—¿El caso de esa chica es muy complejo? —preguntó.
—Un poco más de lo que esperaba, pero si usamos el método correcto, hay muchas esperanzas de que vuelva a caminar.
—¿Estás segura?
—Buenas noches... —murmuró Micaela cerrando los ojos y acurrucándose contra su pecho; de verdad se moría de sueño.
Gaspar tragó saliva con dificultad en la oscuridad. Su mano grande se posó en la cintura de ella, acariciándola suavemente, mientras rozaba su lóbulo con los labios.
—Mica... —susurró él.
—Mhm... —respondió Micaela adormilada.
Gaspar le acarició el cabello y, al bajar la mirada, se dio cuenta de que la mujer en sus brazos ya estaba profundamente dormida.
La luz de la luna iluminaba su rostro claro y sereno; dormía plácidamente, con la guardia totalmente baja.
Gaspar no supo si reír o enojarse.
Llevaba todo el día esperando.
Esperó desde Villa Fantasía hasta Ciudad Arborea, desde la tarde hasta la noche, y después de tanta espera, el resultado fue...
Que ella se había quedado dormida.
¿Qué no habían quedado en que le ayudaría a checar los resultados de la cirugía?
—Descansa —murmuró con resignación y le dio un beso en los labios. Ya encontraría otra oportunidad mañana o pasado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorciada: Su Revolución Científica
Hermosa novela, me encanto....