La cara de Verónica se calentó aún más.
—Ya lo sé, él es muy trabajador y honesto... pero es demasiado aburrido.
Micaela soltó una carcajada.
—¡Por eso mismo se complementan! Tú eres abierta y directa, hacen muy buena pareja.
Verónica pareció dejar de disimular y se jugueteó los dedos nerviosamente.
—La verdad, a veces lo veo tan concentrado aquí en el laboratorio que hasta se me hace guapo.
Micaela la animó:
—Me he fijado que Tadeo también te presta mucha atención.
Verónica se tapó la cara con las manos.
—¡Ay, no es cierto!
—Yo digo que harían una excelente química —aseguró Micaela sonriendo.
Verónica murmuró por lo bajo:
—Si es un adicto al trabajo... nada más tiene ojos para los datos y los experimentos, ni siquiera tiene tiempo de fijarse en mí.
Micaela negó con la cabeza sin dejar de sonreír, mirando los datos en la pantalla.
—Tal vez no platique mucho, pero es de los que demuestran las cosas con acciones. Si a él le gusta alguien, no lo va a andar diciendo a cada rato, te lo va a demostrar.
Verónica se acordó de que, últimamente, Tadeo había empezado a llevarle botanas y pastelitos. Al parecer, ella no le había dado importancia.
—Sí es cierto que me ha estado comprando cosas, y hasta se aprendió cómo me gusta el café... Pero, ¿eso de verdad significa que le gusto? —preguntó Verónica ladeando la cabeza, pensativa.
—Si se acuerda de tus gustos, significa que le importas.
Verónica parpadeó.
—¿Y Gaspar es igual contigo?
Micaela lo pensó por un momento y las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba antes de asentir.
—Sí, pero él suele estar muy ocupado.
Verónica sintió un rayito de esperanza. A fin de cuentas, ya no era una niña y Tadeo era un excelente partido; no debía dejar pasar la oportunidad.
***
Al atardecer, Micaela se quedó trabajando horas extras.
Gaspar llegó con la cena en mano.
—Dejé a Pilar en casa de mi mamá —explicó, mientras acomodaba en la mesa la comida para llevar de un restaurante de lujo.
—Gracias por tomarte la molestia. —Micaela lo miró y, sin dudarlo, tomó un tenedor y empezó a comer.
—Cuando te vayas a quedar hasta tarde, avísame para venir a hacerte compañía.
—Es probable que trabaje hasta tarde seguido estos días —dijo ella levantando la vista—. Quiero agilizar un poco mis experimentos.

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