A los ojos de Enzo, Pablo estaba subestimando completamente a su esposa.
En realidad, él sentía que, en el pasado, solo habían estado ayudando a Regina a lucirse aún más...
Porque, siendo sinceros, con la capacidad que tenía ella, si podía resolverlo sola, ni siquiera habría necesitado su ayuda; y si no podía, tampoco es que su presencia fuera a cambiar mucho las cosas.
En el avión, Pablo y Enzo apenas intercambiaron palabras.
Ambos se quedaron callados, sumidos en sus propios pensamientos, sin que nadie supiera exactamente en qué andaban sus mentes.
...
Después de un largo y agotador viaje, Regina por fin llegó a Maristela.
Maristela era un país pequeño, pero plagado de diferentes grupos de poder: desde mafias locales hasta organizaciones extranjeras. En ese territorio, muchos de estos grupos estaban formados por criminales.
Allí, la vida humana no valía nada; si alguien moría, a nadie le importaba.
Por eso, era un lugar extremadamente peligroso. Aunque para algunos Maristela era un paraíso, para otros era el peor de los infiernos.
Regina ya había estado en Maristela varias veces antes y tenía algunos conocidos en la zona.
Sin embargo, esta vez su objetivo principal era rescatar a Isabella, así que no quería llamar la atención ni meterse con nadie.
Solo pensaba en encontrar a Isabella lo más rápido posible y operarla de inmediato.
Según lo que Óscar le había contado, la situación de Isabella era demasiado crítica como para perder tiempo. Cada minuto, cada segundo, contaba.
Esta vez, Regina no llegó sola. Trajo consigo a varios de sus hombres de confianza.
Eran personas que ella misma había preparado y entrenado; normalmente no los tenía cerca, pero en situaciones especiales, los llamaba para que la respaldaran.
Dado lo complicado del panorama en Maristela, decidió reunirlos. Si la cosa se ponía fea, al menos tendría quien le cubriera las espaldas.

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