Capítulo 108 Vanessa se quedó paralizada unos segundos, con el corazón latiendoa mil por hora.
Por poco y se hace una idea equivocada.
De pronto recordó que Rafael le había mencionado que le gustaba alguien.
Sumando eso a lo que Verónica le acababa de decir, todo tuvo sentido.
Asi que planeaba regalarle ese reloj a la persona de la que estaba enamorado.
Vanessa sintió un nudo en la garganta. Para disimular su decepción, tapó el reloj por instinto y le dedicó una sonrisa.
—Ah, conque así es.
Verónica notó su cambio de actitud. Le dio un par de palmaditas en el hombro y le habló en un tono peculiar.
—Usa tu corazón para darte cuenta de quién te trata mejor en realidad. A veces, las cosas no son lo que parecen; lo que se siente es lo único que no miente.
Vanessa asintió. Sintió que Verónica estaba malinterpretando la situación, pero prefirió no decir nada más.
Si quería equivocarse, que se equivocara.
De cualquier manera estaban casados, y Rafael la había sacado de muchos apuros.
Además, en ese momento Grupo Firax estaba compitiendo a muerte por el mercado de energías renovables contra el Corporativo Zarza en la capital. Lo último que necesitaban era que se desatara un escándalo.
No pasaba nada si Verónica creía que ella era la mujer que le gustabaa su esposo; lo importante era no causarle problemas a Rafael.
*** Esa noche, de vuelta en la mansión de la Sierra, Juana le avisó que Rafael había regresado temprano. Estaba encerrado en su estudio y no había querido cenar, pues dijo que prefería esperarla para comer juntos.
Vanessa miró la hora y vio que ya pasaban de las ocho. Su salida de compras con Bianca se había alargado más de la cuenta.
Le entregó las bolsas de sus compras a Juana y le pidió que las guardara antes de avisarle:
—Voy a subir a buscarlo.
Vanessa se paró frente a la puerta del estudio y tocó un par de veces.
—Pasa.
La voz firme de Rafael resonó desde el interior.
Vanessa abrió la puerta. Desde el umbral, vio a su esposo sentado frente al escritorio, con la mirada clavada en los documentos que tenía enfrente.
Llevaba la camisa blanca desabotonada hasta el tercer ojal, dejando a la vista el atractivo relieve de su garganta. La luz suave de la habitación resaltaba las facciones marcadas de su cаrа, haciéndolo lucir apuesto.
Vanessa apartó la mirada, dándose cuenta de que se le había quedado viendo, y le habló:
—Ven a cenar. Ya luego sigues con eso.
Rafael levantó la cabeza al escucharla.
—Ya llegaste.
—¿Y entonces por qué traes esa cara? ¿Pasó algo malo?
—No, para nada.
Vanessa apenas y soltaba un par de palabras. Era obvio que no tenía ganas de hablar.
Al verla así, Rafael prefirió no hacer más preguntas.
Más tarde esa misma noche, ella se puso a empacar algo de ropа.
Rafael entró a la recámara y, al verla con la maleta, se acercó a paso rápido y la tomó por la muñeca.
—¿Qué te hice para que te pusieras así? ¿Te vas a ir de la casa?
Su reacción fue bastante brusca, y por la expresión de su cara, parecía estar realmente alterado.
Vanessa no se quiso hacer falsas ilusiones con esa actitud. Le contestó con un tono casual:
—La producción se va a transferir a la capital para grabar allá. Tengo que irme con ellos una temporada.
Rafael fue soltando su agarre pocoa poco y le habló con la voz un poco roncа.
—¿Así de la nada? No me habías dicho nada.
—Apenas nos avisaron en la empresa hace unos días —aclaró Vanessa—. Como estabas tan ocupado con tus cosas, no tuve oportunidad de decirte.

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