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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 109

Capítulo 109 Al ver su expresión indiferente, Rafael tragó saliva con dificultad y movió los labios, dudando antes de preguntar:

—¿Cuántos días te vas?

Vanessa siguió guardando sus cosas mientras le respondía:

—No estoy segura. Supongo que volveré cuando la grabación avance bien y ya no tenga que hacerle cambios al guion.

Su tono de voz seguía siendo bastante plano.

Rafael arrugó la frente y le agarró la mano para detenerla.

—¿Por qué me tratas así de la nada? ¿Hice algo que te molestara?

Ella nunca era capaz de guardarse las cosas, así que sonrió irónica antes de contestar.

—Para nada, te portas muy bien conmigo. El único problema es que no nos amamos.

Esa última frase fue tan directa y cruel que a Rafael le dolió en el alma; hasta sintió que le faltaba el aire.

Era un hecho que ella no lo amaba.

Aún así, él insistió:

—¿Y por eso estás enojada?

Vanessa quiso contestarle, pero el tono de su celular sonó y los interrumpió.

Echó un vistazo a la pantalla; era una llamada de Bianca.

Contestó sin dudarlo y pasó por un lado de Rafael.

—¿Qué pasó?

Vanessa salió de la recámara y caminó hacia la terraza del segundo piso para hablar por teléfono.

Bianca no tenía nada importante que decirle; solo quería chismear sobre quién era Verónica. Como Vanessa no sabía cómo lidiar con Rafael en ese momento, aprovechó la excusa y se quedó hablando como una hora.

Cuando por fin colgó, regresó a la recámara para seguir empacando su ropa. Al ver que Rafael ya no estaba ahí, suspiró aliviada.

Ya eran adultos.

Gracias a Alexis, había aprendido la lección con ese tipo de temas de amor y desamor: era mejor no hacer preguntas cuando la respuesta iba a doler.

Además, ya no quería ser esa persona que dejaba todo de lado y se desvivía por complacer a alguien más solo por estar enamorada.

—Ay, Rafael. Quién iba a decir que estuviste soltero todos estos años por ella. No me digas que te enamoraste hace cinco años.

Hubo un momento de silencio del lado de Rafael.

Sus ojos oscuros no reflejaban ninguna emoción, y la luz tenue del estudio acentuaba las facciones severas de su cara.

—Mejor no hables.

Tenía una actitud tan intimidante y amenazadora que Leonardo decidió no seguir tentando a su suerte y dejó de molestarlo.

—Está bien, está bien, ya me callo.

Aunque dijo eso, Leonardo no pudo evitar agregar algo más:

—Solo quiero darte un consejo. Si en serio quieres estar con ella, van a tener que enfrentar muchas cosas. No olvides que fue la novia de tu hermano, y hasta estuvieron comprometidos. Además, en cuanto la gente se entere de lo suyo, se le van a ir encima. Va a recibir muchísimo odio y críticas de todos lados.

Rafael bajó la mirada hacia el reloj de lujo que tenía en la mano. Su mirada seguía siendo indescifrable; parecía estar considerando las palabras de su amigo.

Después de un rato, su voz grave sonó llena de determinación.

—Yo me encargaré de protegerla.

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