Capítulo 119 Vanessa le hizo caso sin reclamar.
Al subir al auto, se preguntó si él le admitiría a Alexis la relación que había entre ellos.
Alexis vio que ella se subía al auto y miró a Rafael con furia.
—Rafael, ¡Vanessa es mi novia! ¡No deberías meterte!
—¿Tu novia?
Rafael sonrió de forma burlona.
—Tal vez lo fue en el pasado, pero de ahora en adelante, vas a tener que llamarla cuñada.
Alexis abrió los ojos de par en par.
—¿Qué quieres decir?
—Exactamente lo que escuchaste. —Rafael le lanzó una mirada a modo de advertencia—. No vuelvas a molestarla.
Tras decir eso, subió al auto.
Cuando el auto arrancó, Alexis se quedó mirando las luces traseras con resentimiento. Apretó los puños con tanta fuerza que le tronaron los dedos.
"¡Vaya hermano que tengo! ¡Hasta me quiere quitar a mi mujer!" *** En el auto, la voz grave de Rafael rompió el silencio mientras le clavaba la mirada en Vanessa.
—¿Tienes miedo?
¿Miedo de que Alexis se enterara de lo suyo?
Le había dicho esoa Alexis para poner a prueba la reacción de Vanessa.
En ese momento, ella estaba distraída.
Las palabras que Rafael le había soltado a Alexis antes de subir al auto no dejaban de darle vueltas en la cabeza, alterándola por dentro.
"¿Ya está listo para hacer pública nuestra relación?" Al pensarlo, Vanessa no pudo evitar sentir un poco de ilusión, y una discreta sonrisa se asomó en sus labios.
—¿En qué piensas? —El tono de Rafael se volvió un poco más serio, creyendo que ella estaba pensando en Alexis.
Vanessa se sobresaltó un poco y reaccionó, sintiendo cómo le ardían las mejillas.
—En... nada.
El ánimo de Rafael decayó y su tono mostraba molestia.
—Él te lastimó por mucho tiempo, ¿y todavía no lo superas?
—Claro que no.
Vanessa suspiró con disgusto.
—Después de cómo me trató, si todavía estuviera pensando en él, sería una reverenda idiota.
Rafael la escudriñó de arriba a abajo, observando su cara con detenimiento para comprobar si hablaba en serio.
Vanessa se quedó pasmada, mirándolo.
"Ni siquiera me había dado cuenta de que me lastimé la mano, y él sí lo notó".
Con todo el caos y el peligro de hace un rato, seguro se raspó mientras forcejeaba.
Probablemente, por el susto, ni siquiera había sentido el dolor.
—Aguanta un poco, te va a arder —le advirtió Rafael, mirándola con mucha ternura.
—Está bien.
Vanessa siempre había sido muy miedosa con el dolor. Antes de que él empezara a curarla, ya tenía todo el cuerpo tenso.
Rafael la observó un segundo y mojó un hisopo en isodine. Mientras le desinfectaba la herida con cuidado, intentó calmarla con voz suave:
—Tranquila, si te duele... mm...
No alcanzó a terminar la frase cuando gruñó de dolor.
En el instante en que el líquido tocó el raspón de Vanessa, ella sintió un ardor intenso. Por instinto, lo agarró del brazo con la otra mano, apretando con tanta fuerza que sus uñas casi le atravesaron la camisa para clavarse en la piel.
Rafael bajó la mirada hacia la mano que lo sujetaba. Era tan delgada que se le marcaban las venas en el dorso.
Parecía estar muy asustada, apretando el agarre mientras temblaba un poco.
—Rafael, me duele...

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