Capítulo 120 —Tranquila.
—Rafael, ¿ya casi terminas?
Tenía la cabeza agachada y los ojos cerrados; no se atrevía a mirar. Su voz temblaba ligeramente al preguntar.
Antes era una mujer orgullosa y radiante, pero tras cinco años con Alexis, se había desgastado y ahora vivía a la defensiva. En ese momento, se veía tan frágil que rompía el corazón.
Rafael la observó con atención.
—Ya casi —respondió con voz ronca.
Por suerte la herida no era profunda. Solo le preocupaba una infección, así que prefería limpiarla bien para estar tranquilo.
Después de desinfectarla, le puso una curita.
Rafael tiró el hisopo y apartó los frascos de la mesa.
—Listo.
—Gracias. —Suspiró Vanessa, aliviada, mirándose la palma de la mano.
Era muy sensible al dolor. Un raspón que para cualquier otro pasaría desapercibido, le podía hacer llorar.
Al recordar la fuerza con la que se había aferrado a él hace un momento, Vanessa le tomó la mano y le arremangó la camisa. Una hilera de marcas de uñas quedó a la vista; eran tan profundas que casi le sacaban sangre.
A Vanessa se le detuvo el corazón.
—Perdón, no fue mi intención.
—No pasa nada, no te culpes. —Rafael le sostuvo la mano y se bajó la manga para ocultar los rasguños. Luego, arqueó una ceja—. Si en serio quieres compensarme, cuéntame qué pasó esta noche.
Aunque él no hubiera preguntado, Vanessa ya tenía planeado explicárselo, así que le contó todo con lujo de detalles.
——Alexis llegó a tiempo para salvarme. Si no fuera por él, no sé qué habría sido de Itzel y de mí. — Vanessa se sintió aliviada de solo pensarlo. Esa era la única cosa decente que Alexis había hecho en mucho tiempo.
Al escucharla, Rafael por fin pudo respirar tranquilo. Le aliviaba confirmar que ella no tenía ninguna intención de volver con Alexis. En un instante, todo su enojo se esfumó.
Rafael la observó con atención y comentó con un tono que dejaba entrever algo más:
—Estamos en la capital, aquí la seguridad es excelente.
Vanessa abrió los ojos de par en par.
—¿Crees que lo de esta noche fue una trampa?
Rafael no quiso entrar en detalles.
—Tranquila, me encargaré de investigarlo — aseguró.
A Vanessa se le aceleró el pulso y se quedó tiesa, sin atreverse a mover un músculo.
—¿Por qué te pones así ahora...?
Siempre estaba jugando con ella.
"¿Y si termino creyéndomelo?", pensó.
La respiración cálida de Rafael le rozó la mejilla.
—¿Cómo me porto? —susurró él.
Luego, deslizó las manos con atrevimiento por la cintura de ella, colándose por debajo del borde de su blusa.
El corazón de Vanessa se descontroló.
Latía con tanta fuerza que parecía a punto de salírsele por la garganta. Sentía la cara y el cuerpo ardiendo.
Las manos de Rafael acariciaron la suave piel de su cintura, provocándole escalofríos.
Era una sensación desconocida, pero emocionante.
Sentía como si le fuera a dar fiebre...

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