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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 121

Capítulo 121 Vanessa se sentía demasiado abrumada.

Agarró la mano de Rafael que subía con atrevimiento y, respirando con dificultad, murmuró:

—No sigas...

Ella miró a Rafael.

Tenía la cara sonrojada y sus ojos se veían tan claros y limpios que a él le pareció que lo que acababa de hacer era una falta de respeto hacia ella.

Al ver su rechazo, el deseo desapareció de su mirada.

—Entiendo.

Vanessa sabía que él había malinterpretado que lo estaba rechazando y quiso explicarse.

Quiso decir algo.

—No es que yo...

—¿No es qué?

Rafael se puso de pie, fue al refrigerador, sacó una botella de agua fría y se la tomó entera de un solo trago.

—No voy a obligarte a nada, Vanessa. Te dije que podía esperarte, pero te lo repito: no me hagas esperar demasiado.

Al decir esto último, levantó la mirada.

En sus ojos oscuros se escondía una emoción indescifrable.

Al escucharlo, ella de pronto tuvo la extraña sensación de ser ella la que estaba jugando con sus sentimientos.

En serio, Rafael era increíble.

No era indiferente como aparentaba, sino alguien maduro, tierno, muy responsable y educado.

A decir verdad, no le molestaba la idea de... estar con él en ese sentido.

El problema era que él no la amaba, y ella tampoco estaba segura de si solo le caía bien o si de hecho le gustaba.

Había pasado de ser como un hermano a convertirse en su esposo.

En tan poco tiempo, le resultaba muy difícil tener claro lo que en realidad sentía por él.

Además, él ya estaba enamorado de alguien más.

—Rafael...

Vanessa no quiso seguir adivinando y se armó de valor para preguntar:

—Esa persona que te gusta, ¿quién es?

—A las ocho de la mañana.

—Está bien —asintió Rafael—. Duérmete ya.

Mañana temprano tengo algo que hacer cerca del set, así que aprovecho y te llevo.

Qué coincidencia.

Con eso, Vanessa ya no tenía ninguna excusa para decir que no.

Se acostó en la cama y cerró los ojos, pero pasó media hora entera y no lograba conciliar el sueño.

Al sentir que él se movía a su lado, preguntó con cautela:

—¿Ya te dormiste?

—No—respondió Rafael.

Vanessa, que estaba recostada de lado dándole la espalda, se dio la vuelta al escucharlo, se puso boca arriba y volteó a verlo.

La luz tenue de la habitación iluminaba la mitad de su cara, dejando a la vista sus facciones marcadas y tan atractivas que era imposible apartar la mirada.

—Si me miras así, ¿no te vas a terminar enamorando de mí? —bromeó él, con esa voz agradable que tenía.

Vanessa no pudo evitar reírse, y el nerviosismo que sentía se esfumó en gran medida.

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