Capítulo 143 El banquete de aquella noche estaba repleto de gente y el ambiente era de lo más animado.
Las familias más prestigiosas de su círculo social, todas las que tenían que estar, habían asistido.
—Muchacho, estuviste en el extranjero bastantes años. Escuché a Leonardo decir que apenas llevas dos meses de regreso, ¿es cierto? —preguntó Magdalena, arrugando un poco la frente—¿Cómo es que ya estás al tanto de todos estos asuntos?
Era la única persona que se atrevía a hablarle de esa manera a Rafael.
La familia Cisneros era la más rica de Cartaluz, respaldada por un inmenso poder y prestigio.
Rafael poseía una capacidad excepcional y una influencia incalculable; no era exageración decir que controlaba el rumbo económico de toda la ciudad.
—Casualmente, estoy enterado de todo lo que debo saber. —Rafael sonrió.
—Sigues siendo igual que antes, pareces un anciano prematuro —comentó Magdalena, arrugando aún más la frente en un gesto a medias entre la gracia y la exasperación—. ¿Vanessa y tú son pareja? —preguntó bromeando, al ver su actitud.
Vanessa se quedó sin palabras.
Qué buena intuición; en efecto, así era.
—¿Cree que hacemos buena pareja, señora? — preguntó Rafael, observándola con una actitud indescifrable.
Magdalena observó con gran atención la cara de ambos.
Antes de que pudiera responder:
—Señora Magdalena... Nati le desea muchísima felicidad y una vida llena de salud —dijo Natalia con una voz suave y melosa, acercándose con suma elegancia para entregarle un regalo.
—Qué linda, eres una chica muy educada — respondió Magdalena, asintiendo con alegría.
La señora examinó con detenimiento la cara de Natalia, pero daba la impresión de no reconocerla del todo.
Eso fue hasta que Yolanda y Alexis se acercaron.
—Señora, lo olvidó. Ella es Natalia —aclaró Yolanda, presentando a la joven mientras le entregaba su propio obsequio de cumpleaños.
—Ah, conque es la hija de Silvia —exclamó Magdalena, comprendiendo—. Qué joven tan guapa; madre e hija son idénticas, como dos gotas de agua. Ven, niña, acércate para que pueda verte bien.
—Claro que sí, señora.
Natalia se acercó un poco más.
Con razón Vanessa negó que tuvieran una relación hace un momento, conque estaban peleados.
Miren, muchachos, es normal que las parejas discutan, pero no deben involucrar a personas inocentes en sus problemas.
Era obvio que con esas palabras buscaba defender a Natalia.
—A ver, Alexis, explícame. ¿Qué es lo que está pasando entre Vanessa y tú? —exigió la señora, dirigiéndose a él.
Alexis miró en dirección a Vanessa y su expresión se endureció.
Al verla de pie junto a Rafael, luciendo tan cercanos, sintió tal furia que estuvoa punto de perder los estribos.
Que Vanessa se acercara a Rafael una y otra vez para provocarlo ya era bastante malo, pero que encima hubieran asistido juntos a ese banquete superaba cualquier límite.
¡Eso era prácticamente como darle una cachetada en público!
—Señora Magdalena, sí tuvimos una discusión...
Ya sabe cómo es esto. —Alexis forzó una sonrisa amable, mostrando una actitud complaciente—. Es normal que las mujeres sean un poco caprichosas a veces. Vanessa tiene un excelente carácter; estoy seguro de que muy pronto se le pasará el enojo.

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