Capítulo 227 Mientras decía eso, se acercó a olfatear el tenue aroma a alcohol que despedía.
—Esta noche vas a dormir en el cuarto de huéspedes.
Se dio la vuelta para irse, pero una mano le sujetó la muñeca y la jaló hacia un abrazo amplio y cálido.
El olor a alcohol mezclado con esa fragancia amaderada, tan particular en él, le envolvió la nariz.
—Puedo dormir en el cuarto de huéspedes, pero vienes conmigo.
Rafael habló sobre su cabeza con tono magnético y juguetón.
—A mí no me gusta dormir por separado, ¿tú qué opinas, cariño?
Vanessa alzó la cara y se encontró con un par de ojos oscuros como obsidiana, de mirada profunda y tentadora, que la atravesaron de lleno.
Esa mirada, tan apasionada y provocadora a la vez.
El corazón de Vanessa se aceleró.
Se le cortó la respiración, las mejillas le ardieron y desvió los ojos sin atreversea sostenerle la mirada.
—¿Quién va a dormir contigo?
Con los ojos bajos, las pestañas le proyectaban una sombra delicada sobre sus mejillas, dándole un aire dócil y encantador.
Aunque las marcas en su cara aún se notaban, no lograban opacar ese brillo radiante que la caracterizaba.
—Pues tú, obviamente.
Rafael la levantó en brazos de un solo movimiento y sonrió a medias.
—Mi esposa.
Vanessa se quedó inmóvil un segundo y por instinto le rodeó el cuello con los brazos.
Enseguida, Rafael avanzó a paso largo con ella en brazos de regreso al dormitorio.
Cuando la depositó sobre la cama, se inclinó sobre ella, y esos ojos oscuros e insondables se clavaron en su cara.
El corazón de Vanessa latía con fuerza.
Conteniendo el aliento, lo miró.
—Rafael...
Ese susurro tembloroso arrastraba un tono de reproche coqueto.
Rafael sintió que la sangre se le calentaba. Le acarició la sien con el pulgar y habló con voz contenida:
—Vane, ¿me dejas?
Estaban tan cerca que se rozaban la nariz, los ojos frente a frente, y sus alientos tibios se entrelazaban en el aire.
—No importa, solo sé delicado.
Rafael la apretó un poco más entre sus brazos y le dio un beso tierno en la coronilla.
—Cariño, tenemos todo el tiempo del mundo.
Tras una pausa, su voz ronca se tiñó de una sonrisa y añadió:
—Quiero que nuestra primera vez nos deje un recuerdo bonito.
En ese instante, Vanessa se dejó llevar sin remedio por esa mezcla de ternura y aplomo que él irradiaba. La sensación de sentirse valorada la conmovió hasta lo más profundo.
Lo que él le daba no era solo respeto; también era cariño genuino.
Sin importar si la amaba o no, eso ya parecía no tener importancia.
***
—Me estás mirando con cara de enamorada, ¿en qué piensas?
La voz magnética de Rafael, algo ronca todavía, interrumpió los pensamientos de Vanessa.
Ella parpadeó, sorprendida, y se pegó a su pecho abrazándolo con fuerza.
—Estaba pensando en cuánta gente sabe que soy tu esposa.

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