Capítulo 248 Natalia respiró hondo, se agachó a recoger el celular y caminó hasta la orilla de la cama.
—Alexis.
La hinchazón en su cara ya había bajado, pero los golpes habían sido tan severos que aún le quedaban algunas marcas amoratadas.
Alexis la recorrió con una mirada de fastidio.
—¿Qué haces aqui?
—Vine a verte.
Natalia dejó el celular en el buró, agachó la cabeza con docilidad y se quedó de pie sin moverse.
—Mamá me dijo que Rafael publicó su acta de matrimonio. Me preocupaba que estuvieras mal, así que vine a verte.
Ella estaba internada en el piso de arriba, en el pabellón de mujeres.
Pero los días anteriores tenía la cara tan hinchada que no se había atrevido a bajar.
Ahora que se le presentaba esta oportunidad, por supuesto iba a aprovecharla para echarle más leña al fuego.
—¿Y entonces qué? ¿Qué me quieres decir? ¿Que la que se casó con Rafael fue Vanessa? —Estalló Alexis, con la cara encendida.
—Alexis, aunque antes me haya equivocado y no me creas, no importa —dijo Natalia con tono dolido —, pero ahora la realidad está frente a tus ojos, ¿y aún así te niegas a aceptarla?
Alexis estaba molesto. Cada vez que la veía, se le venían a la mente las imágenes de aquellos videos; le resultaba insoportable tenerla enfrente.
Apretó la mandíbula.
—No voy a creer ni una sola palabra de lo que digas. Si no fuera por ti, Vanessa y yo nunca nos habríamos separado, y ella no habría cancelado nuestro compromiso.
—Alexis...
Natalia lo miró con expresión lastimera, sus ojos llenos de lágrimas.
Antes, cada vez que ella ponía esa cara, Alexis se conmovía y la consolaba con paciencia.
Pero esta vez explotó y le gritó fuera de control: —¡No me Ilames así! ¡Lárgate!
—Alexis, no me trates así... —suplicó ella con los ojos empañados.
—¡Lárgate!
Al ver que no se iba, Alexis empezó a tirar cosas.
Todo lo que había en el buró se fue al suelo con un estruendo.
Natalia se asustó y gritó agudo; se quedó ahí parada llorando a mares, como si hubiera sufrido la peor injusticia del mundo.
Pero a Alexis la furia solo le crecía. Entre más lloraba ella, más le hervía la sangre.
—¡Lárgate! Conmigo no te va a funcionar ese teatro.

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