Entrar Via

El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 250

Capítulo 250 La otra persona se rio, burlona.

—¿Qué tal, Vanessa? ¿Qué se siente ver esas fotos?

Por la voz, Vanessa reconoció que era Natalia.

Como un fantasma que no descansa, siempre aparecía en el momento menos esperado.

Aunque al darse cuenta de que era ella, Vanessa se tranquilizó un poco.

—¿Qué estás tramando ahora?

—Nada, solo quería compartirte las aventuras amorosas de Rafael.

Natalia rio con satisfacción.

—Me costó un montón de esfuerzo conseguirlas con una amiga. Según me dijeron, son fotos románticas que la chica guardaba. Ah, por cierto, la protagonista ya llegó a Cartaluz. Dicen que volvió expresamente a buscar a Rafael. También me enteré de que en su momento tuvieron un hijo juntos...

Las palabras de Natalia estaban cargadas de veneno, y como una pantalla de proyección, hicieron que Vanessa pensara de inmediato en la mujer de aquella noche en la fiesta de celebración.

En la foto se distinguían vagamente los rasgos de Camila.

Aunque no quería darle importancia, Vanessa no pudo evitar la punzada de dolor en el pecho.

Se obligó a calmarse y respondió con indiferencia: —¿Tan desocupada estás?

—¿Qué?

—Si de verdad no tienes nada que hacer, búscate a alguien y cásate —se burló Vanessa con frialdad.

Natalia apretó la mandíbula de rabia.

—Vanessa, eres un chiste. ¿Crees que porque Rafael te echa la mano, eso te hace especial para él? Te lo digo claro: a quien él ama es a Camila, todo el mundo lo sabe. Aunque se entretenga contigo por la novedad, es solo porque eres la heredera de los León. Pero si ni Alexis te quiso, mucho menos Rafael se va a fijar en una mujer desechada. Si no me crees, fíjate bien si Rafael no está enamorado de Camila.

Las palabras venenosas de Natalia se clavaron como agujas, haciéndole daño en cada punto sensible.

Vanessa se puso pálida y tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no temblar.

Al final, respiró hondo, contuvo el temblor en la voz y contraatacó sin dejarse vencer.

—Tienes razón, no me puedo comparar contigo en lo de ingeniárselas para drogar a tu propio hermano y ofrecerte en bandeja de plata.

—Vanessa, cuida esa boca —gritó Natalia, furiosa.

Vanessa no tenía ánimos de seguir discutiendo y colgó sin más.

Pero la punzada no cedía; el dolor la hacía temblar sin querer.

Quiso volver a ver la foto, pero la pantalla mostraba que la otra persona ya la había eliminado.

Se quedó sin aire.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio