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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 255

Capítulo 255 ¿Tan pronto iba apedirle el divorcio?

Vanessa perdió todo rastro de sueño. Se incorporó y echó un vistazo al reloj digital de la mesita de noche.

—¿Apenas llegaste?

Faltaba poco para la medianoche.

Rafael llegó con un cansancio apenas visible en el gesto.

—Surgió un problema de último momento con el proyecto de vehículos eléctricos. Se alargó la junta de esta noche y volví tarde.

Vanessa decidió no cuestionar si era verdad o no.

Apenas sonrió.

—Qué pesado. Y...¿tienes algo que decirme?

Rafael curvó apenas los labios.

—Te traje un pastelito, ¿quieres?

Vanessa en realidad no había cenado.

Pero no tenía apetito y estaba a punto de negar con la cabeza.

—Es mousse de maracuyá.

Rafael levantó de pronto el pastel de mousse y se lo acercó a la cara.

Vanessa se quedó inmóvil unos segundos, mirándolo con asombro.

—¿Cómo supiste que me encanta ese sabor?

Rafael la observó con esos ojos oscuros y risueños.

—Mi esposa y yo tenemos telepatía.

A Vanessa se le encogió el corazón.

Estaba a punto de pedirle el divorcio y seguía diciéndole cosas bonitas para contentarla.

Claro.

Antes se había ilusionado sola, creyendo que al final él sentía aunque fuera una pizca de cariño por ella.

Ahora veía con claridad que Rafael siempre la había tratado como a la niña de hace diez años, mimándola sin más.

Tal como él mismo lo dijo: necesitaba a alguien con quien casarse.

Alguien a quien el abuelo Antonio no se opusiera.

Y ella encajaba a la perfección.

Vanessa perdió por completo el apetito. Bajó la mirada con frialdad.

—Ya no quiero. Tengo sueño, me voy a dormir.

Se recostó de nuevo y lo miró de reojo.

—¿Tienes algo que decirme? Si no, me voy a dormir.

La puerta del cuarto quedó entreabierta.

Vanessa abrió los ojos de golpe, se bajó de la cama y caminó descalza hasta detrás de la puerta.

Rafael atendía la llamada en el pasillo; su voz se escuchaba con total claridad en el silencio de la noche.

—Si te duele, tómate la medicina. Aunque vaya, no te vas a aliviar.

Del auricular se escapó la voz desvergonzada de Camila declarándole su amor.

—Te amo. Con solo tenerte a mi lado, me sentiría mucho mejor. Sin ti cerca, me voy a morir.

Rafael respondió con fastidio.

—Todos estos años no estuve contigo y sobreviviste perfectamente, ¿no?

Sus palabras provocaron una enorme indignación en Camila.

—No me importa, necesito verte.

Y amenazó: —Si no vienes, me tiro por la ventana y no me vuelves a ver en tu vida.

Vanessa apretó los puños. Desde la rendija de la puerta observaba la espalda de Rafael, deseando con todas sus fuerzas que no fuera.

Pero al segundo siguiente...

Rafael volteó hacia la habitación, apenas un instante, y enseguida desvió la cara y bajó las escaleras a paso rápido.

Al final, se fue.

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