Pero Sergio estaba sentado a un lado. Le incomodaba la idea, aunque sentarse en otro lugar habría parecido demasiado obvio.
Mientras dudaba qué hacer, Verónica le hizo señas con la mano:
—Bianca, siéntate aquí.
Lo que tenía que pasar, pasaría. Bianca fingió que no pasaba nada y se acercó a sentarse. Intentó mantener distancia de Sergio y tuvo el mayor cuidado posible, pero al hacerlo rozó su brazo.
Aunque fue solo un roce fugaz, se sintió como una descarga eléctrica que la hizo estremecerse. Sergio permaneció sentado a su lado, inmóvil, como si ni siquiera hubiera notado el contacto. Bianca respiró aliviada en silencio.
Era mejor así.
Así él no pensaría que lo había hecho a propósito.
—¿Por qué llegaste tan tarde? —preguntó Vanessa mirándola con preocupación—. ¿Tienes mucho trabajo estos días?
—Estamos en los últimos meses del año, así que hay muchas pasarelas y sesiones publicitarias. Esta noche estuve grabando un comercial y pensé que no iba a llegar a tiempo.
Al comenzar a hablar con Vanessa, Bianca se relajó bastante. Verónica arqueó las cejas al recordar algo:
—Hace poco una amiga fue a ver una pasarela de una marca importante y me dijo maravillas de ti. Tal vez te busque para ser la imagen de sus productos.
—¿En serio? Dale las gracias de mi parte por apreciar mi trabajo. —Bianca sonrió con calidez.
Cada uno de sus gestos desprendía un encanto radiante. Su porte era muy similar al de Vanessa; a primera vista, incluso guardaban cierto parecido físico, ya que ambas compartían una belleza deslumbrante.
—Bianca es una modelo reconocida y muy famosa, así que es normal que muchos la admiren —bromeó Leonardo—. ¿Por qué no me das un autógrafo a mí primero?
—No se burle de mí, señor Soto. —Bianca sonrió y restó importancia al asunto.
En ese momento solo era una modelo con algo de fama, e incluso si algún día llegaba a convertirse en una figura internacional, jamás podría compararse con el nivel de personas como ellos.
Sergio mantuvo la mirada al frente todo el tiempo. De perfil, sus facciones se veían tan definidas como una escultura. Tenía una presencia tranquila y reservada, imposible de ignorar, pero que al mismo tiempo obligaba a guardar distancia. Para Bianca, estar sentada a su lado era una verdadera tortura.

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