Frente al público y las cámaras, Vanessa se desenvolvió con soltura y aplomo.
—Estoy segura de que este desarrollo les dará confianza a todos y les brindará una seguridad absoluta a las familias en cada uno de sus trayectos...
Eso era lo que Vanessa deseaba de corazón. Y era, sobre todo, su meta. El público estalló de nuevo en aplausos.
Todos la miraban con admiración.
En la transmisión en vivo, los usuarios en línea no dejaban de comentar; además de elogiar su juventud y belleza, aseguraban que apartarían el nuevo modelo de auto eléctrico para apoyarla.
El evento de lanzamiento fue todo un éxito. Sentado entre el público, Rafael no le quitaba los ojos de encima ni por un segundo. A sus espaldas, las luces de la pantalla gigante cambiaban de tono e iluminaban su silueta, como una mariposa que despliega las alas.
Se veía radiante, segura de sí misma y en su máximo esplendor. Era como una estrella en ascenso que desplegaba un brillo deslumbrante. Así se mostraba, elegante, majestuosa e inalcanzable.
Rafael agradecía en silencio haberse atrevido a dar aquel paso, el único que le permitió convertirse en su esposo. Verónica aplaudió con una sonrisa y se inclinó un poco hacia Rafael.
—Mira qué hermosa y capaz es tu esposa. ¡Qué buena suerte tienes!
El ruido en el salón era ensordecedor y los aplausos se sucedían uno tras otro, de modo que Verónica tuvo que alzar bastante la voz para que la oyera.
Rafael sonrió con orgullo, sin apartar la mirada de Vanessa.
—Ella siempre debió estar en un escenario como este, demostrando de lo que es capaz.
Verónica se sorprendió un instante y luego sonrió con complicidad.
Vaya hombre.
Llevaba mucho tiempo admirando a Vanessa. Desde el escenario, Vanessa contempló la reacción del público; alzó un poco el mentón y recibió los aplausos con naturalidad.
Lo había logrado.
Papá, mamá...
¿Lo vieron?
Había desarrollado un sistema inteligente con un margen de error prácticamente nulo; nunca más permitiría que se repitiera una tragedia como aquella.

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