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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 281

Capítulo 281 Natalia se irguió y la miró de reojo.

Sin decir una palabra, volvió a inclinarse, con su cuerpo seductor sobre la cara de Alexis, y le sopló el aliento.

—Alexis, parece que Vanessa ya sabe que tú no eres su salvador. ¿Qué vamos a hacer?

La conciencia de Alexis estaba nublada, pero esas palabras le provocaron una reacción intensa.

—Imposible, ella... no puede haberse dado cuenta.

Ya son diez años y nunca se dio cuenta. Es imposible que sepa que yo lo supliqué...

Alexis sonaba agitado, aunque solo recobró la lucidez unos segundos antes de que la droga volviera a dominar su mente. El cuerpo le ardía, como si lo estuvieran asando en un horno.

Los dedos de Natalia le acariciaron la cara; ese tacto frío se hundió en la fiebre que lo consumía y le trajo tal alivio que él le aferró la mano en su cara.

—Vanessa, no te vayas, quédate conmigo. Aunque no sea tu salvador, yo... yo también puedo tratarte bien...

Vanessa quedó paralizada, con los ojos muy abiertos. Fue como si le vaciaran un balde de agua con hielos encima, y el desengaño recorrió todo su ser.

Él en realidad no era quien la había salvado aquel día. Entonces, ¿quién la había rescatado? Vanessa volvió en sí y se lanzó a interrogarlo.

—¿Por qué lo suplantaste? Si no fuiste tú quien me salvó, ¿por qué me engañaste?

Fuera de sí, lo tomó del cuello de la camisa.

—¿Quién me salvó? ¿Quién fue?

Alexis se mareó aún más con el zarandeo.

Desorientado, sin poder distinguir el sueño de la realidad, la miró con angustia.

—¿Quién? ¿Quién te salvó? ¿No fue Ra...?

—Vanessa, suéltalo. ¿No ves que ahora está muy mal?

Natalia, aterrada de que ella lo escuchara, se apresuró a intervenir, y su voz ahogó las palabras confusas de Alexis. Vanessa tenía los ojos rojos de ira.

El corazón le latía como si se fuera a salir del pecho; solo quería saber quién era su verdadero salvador. ¡Diez años! Había confundido a su salvador durante diez años.

Si no hubiera sido por la confesión de Alexis, nunca habría podido creer que la había engañado durante todo ese tiempo.

La cachetada le devolvió a Alexis la lucidez apenas dos segundos. El efecto de la droga era demasiado fuerte; lo hacía arrancarse la ropa sin poder controlarse. Se aferró de la mano de Vanessa. Sus ojos, rojos, no tenían rastro de razón: solo deseo y oscuridad.

—Dame...

Tiró de ella con fuerza. Vanessa se agarró a la mesita de noche con una mano y no le permitió salirse con la suya; acto seguido le dio otra cachetada. La furia hervía en su interior. Vanessa endureció la mirada, fría e iracunda.

—Te pregunto: ¿quién me salvó?

Alexis, como si se le hubieran acabado las fuerzas, aflojó la mano y volvió a caer sobre la cama. Poco después, dos hombres entraron al cuarto siguiendo a Natalia.

—Sujétenla.

A una señal de Natalia, avanzaron hacia Vanessa y la apartaron. Cada uno le sujetó un brazo con fuerza, dejándola sin posibilidad de moverse.

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