Capítulo 282 —¿Qué haces?
Vanessa forcejeó un par de veces y clavó en Natalia una mirada de confusión.
—¿Qué hago?
Natalia rio, triunfante. Sin ningún apuro, fue a buscar un vaso de agua y regresó con dos pastillas en la mano.
—Nuestro trato ya se cumplió. Tal como acordamos, ya te revelé que Alexis no es tu verdadero salvador. Ahora viene lo mejor de la función.
—Me engañaste.
Vanessa la miraba con una calma glacial. Natalia rio aún más fuerte.
—¿Y qué si te engañé? La culpa es tuya, por ser tan insoportable. Te digo una cosa: no solo voy a hacerte perder toda esperanza en Alexis, sino que voy a hacer que desees no haber nacido.
Le apretó la cara con los dedos, los ojos encendidos de maldad.
—Tranquila. Cuando tomes estas pastillas, esos dos te van a atender muy bien. Te vas a morir de placer. Ellos saben cómo hacerte disfrutar. ¡Ja, ja, ja...!
Natalia reía, y los dos hombres también, con una risa sucia y repulsiva. Y no dejaban de repasar a Vanessa con la mirada, como cerdos babeantes. Al poco rato, cuando Natalia terminó su carcajada desenfrenada, se dispusoa meterle las pastillas en la boса.
Vanessa no mostró ni una sombra de miedo; entonces, sonrió con desprecio y pasividad.
—¿De qué te ríes? —Natalia frenó el movimiento y entrecerró los ojos con recelo.
—De que nunca cambias.
Vanessa cambió el semblante y en su expresión apareció un destello amenazante. En ese momento, la puerta se abrió.
Varias siluetas de negro irrumpieron en la habitación, y antes de que Natalia pudiera ver bien qué pasaba, los dos hombres ya estaban reducidos en el suelo, sometidos sin oponer resistencia.
Natalia quedó atónita.
—¡Maldita, me tendiste una trampa!
Vanessa le arrebató las pastillas de la mano, indicó a sus hombres que la inmovilizaran y, sin vacilar, le metió las pastillas a la fuerza.
—No...
Natalia se resistía, pero la obligaron a tragarlas hasta casi ahogarla.

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