Esas palabras sinceras golpearon a Vanessa sin aviso, directo en el alma. Tenía que admitirlo: Rafael la conmovió. Qué importaba ya si era amor o no; eso dejó de ser relevante.
Lo abrazó con fuerza y respondió con intensidad:
—Entonces vamos a intentarlo... Rafael, no me importa quién sea tu persona especial. Solo sé que ahora yo soy tu esposa. —Vanessa hizo una pausa y sonrió—. No vas a defraudarme nunca, ¿o sí?
Rafael rio en voz baja y la apretó un poco más contra él.
—No. Nunca.
Lo dijo como si fuera una promesa, y luego inclinó la cabeza para besarle el cabello. Su expresión era sobria, pero no alcanzaba a ocultar la emoción en su mirada.
Vanessa sintió que él la abrazaba con tanta fuerza que apenas podía respirar, pero no quiso pedirle que la soltara.
***
Hasta que el auto se detuvo frente al hotel.
Rafael bajó primero, rodeó el auto y le abrió la puerta.
—Cariño, debes estar agotada. Sube a descansar.
La noche era apacible y silenciosa. Los autos del hotel entraban uno tras otro; las luces los alumbraron un instante y siguieron de largo. Vanessa bajó del auto con una sonrisa que no pudo contener.
—Está bien.
Rafael le tomó la mano con naturalidad, entrelazó los dedos con los de ella y caminaron hacia la entrada del hotel.
No habían dado más que un par de pasos cuando una voz furiosa resonó a sus espaldas.
—¡Vanessa!
Se detuvieron al mismo tiempo y voltearon.
Vanessa reconoció la voz antes de verlo: era Alexis. Pero al mirarlo, esa cara que alguna vez le pareció tan atractiva, solo sintió fastidio.
—¿Otra vez tú? ¿No fui suficientemente clara?
Alexis se apresuró para llegar a ellos. Traía un aire hostil encima y una indignación que saltaba a la vista.
—Estuvimos juntos cinco años. No se puede terminar, así como así. Tienes que hacerte responsable.
Ella no supo qué decir a eso. Le dio risa. En esos cinco años, el que nunca valoró nada fue él. Y ahora tenía el descaro de exigirle responsabilidad a ella.

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